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LA LEY DEL AMOR
Ideas de aplicación metafísica para la Lección Bíblica de Ciencia Cristiana sobre

“DIOS”

del 27 de junio al 3 de julio de 2022

por Christie C. Hanzlik, CS en Boulder, CO ccern@mac.com • 720-331-9356 • christiecs.com

Traducción libre por Lidya Sanchez autorizada por Warren Huff

Nunca tendremos suficientes palabras para describir suficientemente a Dios. Y, sin embargo, es crucial que entendamos claramente la palabra Dios, ya que a menudo se usa mal y se abusa de ella. La palabra “Dios” nos hace pensar en un ser humano con superpoderes. Pero esa es una comprensión material, limitada, distorsionada y errónea de Dios. La gente a menudo describe a Dios metafóricamente con conceptos como Pastor, Rey, Padre y Madre. Pero incluso con estas metáforas útiles, debemos estar alertas de que no comencemos a pensar en un ser antropomórfico, esa sería una forma limitada de entender a Dios. En la forma en que estoy leyendo la Lección bíblica de esta semana, se describe a Dios como Legislador, la fuente y el cumplimiento de la ley y el principio divinos.

Para entender el concepto de Dios como Legislador, o ley divina, puede ser útil imaginar el universo sin ley. Sin ley o principio, tendríamos un caos absoluto. Los planetas y las estrellas chocarían entre sí. No tendríamos gramática ni patrones de habla para entendernos unos a otros. Las competiciones atléticas no tendrían reglas. Nuestros cuerpos no funcionarían de manera confiable. El tráfico de la calle sería agitado en el mejor de los casos. Los animales serían salvajes e imposibles de entrenar. Los negocios no estarían estructurados: no se haría nada y nadie recibiría su pago. Los teléfonos y las computadoras no funcionarían. No se podrían cultivar ni preparar alimentos, y no se podrían organizar restaurantes. Los campamentos de verano no se podrían establecer de forma segura. Y así. En efecto, sin la ley y el principio, la función, el propósito y la productividad del universo estarían completamente ausentes.

Pero tenemos orden y principio. Y esto proviene de la fuente eterna: Dios como Legislador. Nótese el uso de la palabra “ley” en el Texto Áureo, o idea principal, de la Lección: “La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma; el testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo”. (cita TA, Salmos 19:7)

Muchas personas en los Estados Unidos y más allá han estado hablando de la ley mucho más de lo habitual. Millones de publicaciones en las redes sociales comentan sobre leyes recientes afectadas por decisiones tomadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos. Bueno, todos podemos considerar toda esta Lección Bíblica como un tratamiento, un bálsamo, que puede ayudarnos a orar por un Principio superior, una fuente superior de Ley, que anula, restaura, corrige, gobierna y mantiene todo orden correcto. Podemos apelar al Principio divino y saber que, como escribe Mary Baker Eddy, “la ley humana es correcta solo en la medida en que modela la divina. El consuelo y la paz se basan en el sentido iluminado del gobierno de Dios”. (Miscelánea, p. 283:26)

En lugar de lamentarse o celebrar la ley humana. Podemos usar este momento para reflexionar y aprender más sobre la omnipotencia de la Ley divina en nuestras vidas y el universo.

La “ley del Señor” es diferente de otro tipo de leyes como las leyes civiles, económicas, naturales, físicas o incluso de tránsito. Cada una de las secciones de la lección explica facetas de la Ley divina:

  • Sección 1: la ley divina es eterna y no tiene comienzo
  • Sección 2: la ley divina nos gobierna
  • Sección 3: la ley divina incluye la ley del Amor
  • Sección 4: Cristo Jesús demuestra la Ley divina
  • Sección 5: Todos podemos seguir el camino de la Ley divina
  • Sección 6: La ley más importante es el Amor

Mientras lee la lección bíblica de esta semana, considere usar una copia impresa y…

1) encierre en un círculo las palabras relacionadas con la ley

2) subraye las leyes divinas

3) coloque una estrella junto a las instrucciones para seguir las leyes divinas

En la Lectura Alternada, por ejemplo:

  • palabras relacionadas con la ley incluyen: ley, estatuto, mandato, mandamiento…
  • las leyes divinas incluyen: “no hay otro”, “El Señor nuestro Dios es un Señor”
  • Las instrucciones para seguir las leyes divinas incluyen: conocer, considerar, guardar, prestar atención, escuchar, obedecer, hacer, oír y “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y ​​con todas tus fuerzas”. (cita LA, Deuteronomio 4: 39; 27, 6)

SECCIÓN 1: LA LEY DIVINA ES ETERNA NO TIENE COMIENZO

La primera sección de la Lección establece a Dios como el principio, el origen y la fuente de toda la creación. (cita B1, Gen 1:1) Como siempre, es útil entender que nunca hubo un así llamado primer momento del universo. Nunca hubo un punto de partida. La verdad nunca tuvo un punto de partida. Nunca hubo un momento en el que no hubo verdad y luego *puf* ahora hay verdad. Y, en el contexto de la Lección de esta semana, nunca hubo un punto en el que no hubiera ley/principio y luego *puf* ahora hay ley/principio. Como explica Mary Baker Eddy, “El infinito no tiene principio. Esta palabra principio se emplea para significar lo único, es decir, la eterna verdad y unidad de Dios y el hombre, incluyendo el universo”. (cita C1, 502: 23-27)

Como ejemplo de una ley divina, leemos: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (cit. B2, Santiago 1:17) Esta ha sido durante mucho tiempo una de mis leyes favoritas de Dios, y vale la pena memorizarla. En tiempos bíblicos, la gente no tenía la misma comprensión de los principios astronómicos y asumía que los dioses podían alterar los planetas y las estrellas, cambiando su curso y variando su brillo. El autor del libro de Santiago está estableciendo a Dios como el “Padre de las Luces”, o el creador y origen del principio de la astronomía, que no tiene variabilidad. Así Dios se establece como un Legislador digno de confianza que es la fuente de “toda buena dádiva y todo don perfecto” que tenemos. Este concepto simple nos permite confiar y apoyarnos en Dios como Legislador, sabiendo que no debemos temer el cambio o la interrupción.

A medida que aprendemos a confiar en el “Padre de las luces” como fuente de estabilidad, seguridad y provisión, podemos regocijarnos con el salmista y decir: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación.” (cita B5, Salmos 119: 97)

Podemos encontrar consuelo en saber que no hay principios o leyes en competencia. Sólo hay una fuente de todo Principio. Nuevamente, podemos entender mejor este concepto si imaginamos cómo sería si hubiera leyes en competencia. Imagina que hay una ciudad en la que las luces rojas significan que los autos deben detenerse, pero en otra ciudad las luces rojas significan avanzar. Y luego imagina que esas dos ciudades estuvieran una al lado de la otra… ¿qué pasaría en las calles en las que se unieron? Sería un caos peligroso. ¡Es una suerte que todos los países en los que las personas conducen por el lado izquierdo de la carretera sean naciones insulares!

El ejemplo de las leyes de tránsito nos ayuda a ver el valor de tener un sentido primordial de la ley y un principio que gobierna universalmente. Y esto es lo que tenemos en el sentido eterno, infinito y siempre presente de Dios/Principio como Legislador. Mary Baker Eddy explica que solo hay un Dios/Principio cuando escribe: “El Principio y su idea es uno, y este uno es Dios, el Ser omnipotente, omnisciente y omnipresente, y Su reflejo es el hombre y el universo. Omni se adopta del adjetivo latino que significa todo. Por lo tanto, Dios combina todo poder o potencia, toda ciencia o conocimiento verdadero, toda presencia”. (cita C2, 465: 8-10, 16-6)

Unas cinco páginas más adelante en su libro de texto sobre la Ciencia (o Leyes) de Cristo, Mary Baker Eddy amplía este concepto al escribir: “Las relaciones de Dios y el hombre, el Principio divino y la idea, son indestructibles en la Ciencia; y la Ciencia no conoce lapsos ni retornos a la armonía, sino que sostiene que el orden divino o ley espiritual, en la que Dios y todo lo que Él crea son perfectos y eternos, ha permanecido inmutable en su historia eterna.” (cita C5, 470: 32)

SECCIÓN 2: LA LEY DIVINA NOS GOBIERNA

Las citas de la primera sección establecieron a Dios como la fuente de la Ley que gobierna el universo. Y la segunda sección establece a Dios como la fuente de toda Ley que nos gobierna. La relación entre Dios y nosotros es inseparable. Dios nos dice a través de la profecía de Isaías, “tú eres mío”. Esta declaración “tú eres mío” es una ley divina. Si estas palabras procedían de una deidad antropomórfica que tenía buenas y malas intenciones, entonces la declaración podría sonar amenazante. Pero no. Isaías revela más. Dios agrega: “Eres precioso a mis ojos, has sido honorable y te he amado: No temas, porque yo estoy contigo…” (cit. B6, Isaías 43: 1, 4)

Estas declaraciones del amor de Dios por nosotros son ley divina. Como dice Dios, “de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley… pueblo mío eres tu”. (cita B7, 51: 4, 7, 16)

La ley divina del amor de Dios por nosotros gobierna nuestra relación con Dios, y también todo nuestro ser. Dios dice: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (cita B8, Jeremías 31: 31, 33)

Mary Baker Eddy tenía claro que Dios no es un ser antropomórfico. Para alejarnos de pensar en Dios como un hombre, describió a Dios usando siete sinónimos: Amor, Verdad, Vida, Alma, Espíritu, Mente y Principio. Principio es el sinónimo más asociado con Dios como Legislador. La palabra “Principio” aparece en esta Lección al menos 30 veces. He aquí un ejemplo de cómo Mary Baker Eddy usa Principio como sinónimo de Dios: “En la Ciencia divina, Dios y el hombre real son inseparables como Principio e idea divinos. Dios es el Principio del hombre, y el hombre es la idea de Dios.”

Pensar en Dios como Principio divino, el poder omnipotente e infinito que causa, subyace y mantiene todo orden, disciplina y función correcta, nos permite superar el falso sentido de Dios como una entidad semejante a un hombre.

Además, a medida que captamos el concepto de Dios como Principio, podemos comenzar a ver al hombre —nosotros— como la imagen y semejanza del Principio, la efusión y expresión del orden, la disciplina y la función correcta. Dios y el hombre son tan inseparables como el sol y sus rayos. Sin los rayos, no podríamos ver el sol; sin el hombre, no podríamos ver a Dios. Con esto en mente, el hombre es la efusión de Dios, la forma de conocer a Dios. Como explica Mary Baker Eddy, “Dios, sin la imagen y semejanza de Sí mismo, no tendría entidad, sería una Mente inexpresada. No tendría testigo o prueba de Su propia naturaleza. El hombre espiritual es la imagen o idea de Dios, una idea que no puede perderse ni separarse de su Principio divino”. (cita C7, 303: 25-30)

El Principio no se puede dividir en pedazos y partes. “Dios es indivisible”. El Principio es indivisible. Cuando entendemos que el hombre es la expresión del Principio, es la totalidad del hombre: todo nuestro ser y toda nuestra identidad. Dios no está hecho de pedazos y partes. El Principio no se compone de fragmentos y partes. Y el hombre no está hecho de pedazos y partes. Nuestro ser, nuestra identidad, es total e indivisible. Dios es la Mente progenitora y el hombre es el vástago espiritual de Dios (cita C8, 336:19-31)

Mary Baker Eddy hace una comparación entre la forma en que el principio matemático gobierna los números y la forma en que el Principio divino nos gobierna a nosotros. Ella escribe: “En la Ciencia, el hombre está gobernado por Dios, el Principio divino, como los números están controlados y comprobados por Sus leyes”. (cita C9, 318:28-30)

SECCIÓN 3: LA LEY DIVINA INCLUYE LA LEY DEL AMOR

Las Secciones 1 y 2 establecieron a Dios como la fuente y el Principio que trae orden y propósito al universo, incluyéndonos a nosotros. La tercera sección enfatiza el hecho de que Dios como Principio divino es amoroso. “Dios es amor.” (cita B9, I Juan 4: 6-21)

Dios es amor y nosotros somos el derramamiento, la entidad de Dios, por lo tanto, nuestro propósito y función es amar. Como leemos en Santiago, “Esta ley real se encuentra en las Escrituras: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’ (cit. B10, Santiago 2:8) Somos el cumplimiento de esta ley real. Como escribe Mary Baker Eddy, “Que … nos amemos unos a otros” (I Juan, 3:23), es el consejo más simple y profundo del escritor inspirado… El Amor cumple la ley de la Ciencia Cristiana, y nada menos que este Principio divino, comprendido y demostrado, puede proporcionar la visión del Apocalipsis, abrir los siete sellos del error con la Verdad, o descubrir la miríada de ilusiones del pecado, la enfermedad y la muerte.” (cita C14, 572: 6-8, 12-17)

Dios es “el Principio divino de todo lo que realmente es”, y con el entendimiento de que “Dios es amor”, podemos saber que el Principio, o ley del Amor, brinda seguridad confiable. Como escribe Mary Baker Eddy: “Asegurémonos con la ley del Amor”. (cita C13, 275: 10-17; C15, 384: 5-6)

SECCIÓN 4: CRISTO JESÚS DEMUESTRA LA LEY DIVINA

Las primeras tres secciones introdujeron la idea de Dios como el Principio amoroso que subyace a toda existencia. La cuarta sección explica cómo Cristo Jesús enseñó acerca de la Ley divina. En las palabras de Jesús, “No penséis que he venido a abrogar la ley de Moisés o las enseñanzas de los profetas. no he venido a destruirlas, sino a cumplirlas.” (cita B12, Mateo 5:17 Biblia Versión Contemporánea)

Cristo Jesús nos mostró el camino para entender a Dios como Principio, y aclaró el camino para seguir la ley del Amor a través de la demostración. La cuarta sección incluye el relato de Cristo Jesús sanando a los diez leprosos. Recordemos que sanó a los diez de la lepra y, sin embargo, solo uno de ellos se volvió para reconocer y dar gracias a Dios. Como explica Mary Baker Eddy: “De los diez leprosos que Jesús sanó, uno volvió para dar gracias a Dios, es decir, para reconocer el Principio divino que lo había sanado”. (cita C17, 94:20)

Mary Baker Eddy explica más acerca de la conexión entre Cristo Jesús y el Principio divino. Ella escribe: “Jesús estableció lo que dijo por demostración, haciendo así que sus actos fueran de mayor importancia que sus palabras. Demostró lo que enseñó. Esta es la Ciencia del Cristianismo. Jesús probó que el Principio, que sana a los enfermos y echa fuera el error, es divino. Sin embargo, pocos, excepto sus estudiantes, entendieron en lo más mínimo sus enseñanzas y sus gloriosas pruebas, a saber, que la Vida, la Verdad y el Amor (el Principio de esta Ciencia no reconocida) destruyen todo el error, el mal, la enfermedad y la muerte”. (cita C20, 473: 18-3)

En otras palabras, Cristo Jesús fue la expresión o efusión del Principio divino y demostró y probó la ley del Amor a través de la curación.

SECCIÓN 5: TODOS PODEMOS PRACTICAR LA LEY DIVINA EN NUESTRAS VIDAS

Las primeras cuatro secciones desarrollaron la idea de Dios como Principio, la ley de Amor que sostiene el universo, incluido el hombre, y cómo Cristo Jesús demostró la forma de entender esta divina Ley del Ser. La quinta sección explica cómo podemos aprender de la demostración de la ley divina de Cristo Jesús y aplicar sus enseñanzas sobre la ley divina en nuestra vida hoy.

La sección comienza con una oración que todos podemos orar mientras nos esforzamos por comprender mejor las leyes de Dios: “Enséñame, oh Señor, el camino de tus estatutos; y lo guardaré hasta el fin… Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón”. (cita B16, Salmos 119: 33, 34, 49, 50)

A menudo, las lecciones bíblicas semanales, incluida esta, contienen la idea de Jesús viendo multitudes y siendo “movido a compasión” hacia ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor…” La forma en que entiendo esta frase es que Cristo Jesús vio a las multitudes como ovejas que aún no sabían que ya tenían un Pastor tierno y amoroso, y entonces comenzó a enseñarles muchas cosas acerca de su divino Pastor. (cita B17, Marcos 6: 34, 56)

El Cristo, que Jesús mejor encarnó, nos está haciendo constantemente conscientes de nuestro divino Pastor, el divino Legislador y Principio de todo ser. Y podemos escuchar a Cristo, la voz suave y apacible, enseñándonos hoy.

Para Mary Baker Eddy, esta voz de Cristo le reveló la Ciencia de Cristo y le enseñó las leyes del Principio y el Amor divinos y el camino de la curación de Cristo. Como ella escribe: “En el año 1866, descubrí la Ciencia de Cristo o las leyes divinas de la Vida, la Verdad y el Amor, y nombré mi descubrimiento Ciencia Cristiana. Dios con Su gracia me había estado preparando durante muchos años para la recepción de esta revelación final del Principio divino absoluto de la curación mental científica”. (cita 22, 107: 1-14)

Todos podemos estar orando para saber que nosotros también estamos siendo preparados para recibir esta enseñanza de Cristo, y que también podemos ser receptivos a la Ciencia de Cristo, la comprensión del Principio divino absoluto de la curación mental científica.

Así como el principio de las matemáticas fue verdad hace 5.000 años y lo será dentro de 5.000 años más, el Principio divino del ser es verdad eternamente. Es el Cristo, nuestra conciencia del Principio y el Amor, lo que nos permite comprender la realidad subyacente del ser. Cristo nos despierta para darnos cuenta de la verdad del ser, la verdad de quién, qué y por qué existimos. Como explica Mary Baker Eddy, “Este despertar es la venida eterna de Cristo, la aparición avanzada de la Verdad, que echa fuera el error y sana a los enfermos. Esta es la salvación que viene a través de Dios, el Principio divino, el Amor, como lo demostró Jesús”. (cita C26, 230: 1)

SECCIÓN 6: LA LEY MÁS IMPORTANTE ES EL AMOR

Las primeras cinco secciones nos ayudaron a entender a Dios como el Principio del Ser confiable y amoroso, demostrado por Cristo Jesús y disponible para nosotros hoy. La sexta y última sección agrega un signo de exclamación y concluye la lección bíblica recordándonos que la ley más importante es la ley del amor.

La sexta sección incluye el relato de Cristo Jesús hablando a sus discípulos y explicando que si bien debemos honrar los mandamientos que nos dio Moisés, esta obediencia sería insuficiente si no estuviéramos también dispuestos a renunciar al mero apego personal para seguirlo en el camino. de amor. (cita B18, Lucas 18: 18-22)

Este concepto de ser obediente a las leyes mosaicas y también esforzarse hacia la ley superior del Amor es un tema recurrente en el nuevo testamento.

  • Del libro de Santiago, aprendemos la alegría que proviene de seguir la ley del Amor: “Pero las personas verdaderamente felices son aquellas que estudian cuidadosamente la ley perfecta de Dios que hace a las personas libres, y continúan estudiándola. No olvidan lo que han oído, pero obedecen lo que dice la enseñanza de Dios. El que hace esto será feliz”. (cita B19, Santiago 1: 25 NRV)
  • En Gálatas leemos: “Toda la ley se completa en este único mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (cita B20, Gálatas 5: 14)
  • En 1 Juan leemos: “Amar a Dios significa obedecer sus mandamientos. Y los mandamientos de Dios no son demasiado difíciles para nosotros”. (cita B21, I Juan 5: 3)

Combinadas, estas ideas nos ayudan a comprender la alegría y el significado que experimentamos cuando nos adherimos a la ley del Amor. En otras palabras, la ley del Amor nos eleva y trae alegría, sentido y luz a nuestras vidas. Como leemos en Proverbios, “Porque el mandamiento es lámpara; y la ley es luz;” (cita B22, Proverbios 6: 23). Esta es mi nueva idea favorita actual de la lección bíblica de esta semana: “la Ley es luz”.

Al comienzo de este escrito, mencioné que a veces es más fácil entender la ley o el Principio si imaginamos cómo sería el universo sin él; sin el principio, las estrellas y los planetas chocarían entre sí y así sucesivamente. Bueno, ahora, al final de la lección, encontramos la idea de que para entender mejor el Principio divino, necesitamos ver que el Principio divino corrige, derriba y anula todas las débiles pretensiones de principio. Las organizaciones, reglas y políticas que no proceden del Principio divino deben ser anuladas y corregidas. Como escribe Mary Baker: “Elimine la riqueza, la fama y las organizaciones sociales, que no pesan ni una jota en la balanza de Dios, y obtendremos una visión más clara del Principio”. Ella continúa: “Para determinar nuestro progreso, debemos aprender dónde están colocados nuestros afectos y a quién reconocemos y obedecemos como Dios”.

Según entiendo este concepto, significa que para avanzar y progresar, debemos ser testigos del Principio divino anulando y derribando lo que necesita ser corregido. La Ley de Orden de Dios está en operación y corrige y gobierna apropiadamente. Cuando algo parece disfuncional, no asumimos que esta disfunción debe ser la voluntad de Dios. En cambio, hacemos una pausa para afirmar que el Principio divino es siempre armonioso, restaurador y bendice a todos. Y esperamos ver progreso: el derrocamiento del principio difuso y la falsa autoridad.

Las pruebas del Principio son el desarrollo constante de la Ley de Orden de Dios en el universo, incluyéndonos a nosotros. La Ley del Orden, la Ley del Amor está en operación, y debe anular y corregir todo lo que no sea el Principio divino, que es sólo amoroso. Nuestro papel es ser el derramamiento, la expresión de la actividad del Principio. Hacemos esto naturalmente. Es una función de nuestro ser. Como escribe Mary Baker Eddy: “Cada día nos exige pruebas más elevadas en lugar de profesiones de poder cristiano. Estas pruebas consisten únicamente en la destrucción del pecado, la enfermedad y la muerte por el poder del Espíritu, como Jesús los destruyó. Este es un elemento de progreso, y el progreso es la ley de Dios, cuya ley exige de nosotros solo lo que podemos cumplir con certeza”. (cita C29, 233:1)

Y, la lección concluye con una definición de Dios, una declaración que nos dice qué es Dios. Mary Baker Eddy escribe: “El Principio creativo, la Vida, la Verdad y el Amor, es Dios”. (cita C30, 502: 27-28). En otras palabras, Dios no es una deidad semejante a un hombre. Dios es el Principio creador: Vida, Verdad y Amor.

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