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¡Magnifica el Bien!

Craig L. Ghislin, CS, Godfrey, IL

Publicado el domingo 21 de marzo de 2021

¡Magnifica el Bien!

Ideas de aplicación metafísica para la Lección Bíblica trimestral de la Ciencia Cristiana sobre

“La realidad”

para el 22 al 28 de marzo de 2021

por Craig L. Ghislin, CS Godfrey, IL

craig.ghislincs@icloud.com / (630) 830-8683; llamada / texto (630) 234-3987

traducción libre de P.Kelly autorizada por W.Huff

El Texto Áureo es un ejemplo de un formato estándar para la oración hebrea. El peticionario comienza recordando todas las cosas buenas que Dios ha hecho por él y por Israel, más de las que se pueden contar. Esto es mucho más que simplemente mirar el lado positivo para minimizar sus problemas. Es enfocar el pensamiento en la realidad.

Generalmente, la gente tiende a magnificar sus problemas en lugar de magnificar las cosas buenas. Incluso la picadura de un mosquito puede distraer tanto que nos puede hacer olvidar que el 99,99% de nuestro cuerpo no pica en absoluto. En lugar de quedar paralizado por el problema, ¿por qué no centrarse en lo bueno? Hay muchos comentarios en estos días sobre ser conscientes y vivir intencionalmente (la técnica del mindfulness, o sea de estados de conciencia). He descubierto que, desde un punto de vista metafísico, vivir intencionalmente significa tomar posesión de tu pensamiento y decidir por ti mismo en qué quieres concentrarte o enfocarte, en lugar de dejar que tu cuerpo o las circunstancias decidan por ti.

En toda la Biblia tenemos excelentes ejemplos de magnificación de lo bueno. Incluso en medio de los desafíos más profundos, los creyentes se tornan a Dios de todo corazón.

La Lectura alternada encarna al entendimiento de que no importa dónde estamos — o pensamos que estamos — no importa cuán difícil sea la circunstancia, siempre somos guiados, cuidados y protegidos por Dios. Ten en cuenta que el salmista no ignora ciegamente los desafíos. Él toma nota de ellos, pero no es distraído ni consumido por ellos. Confiado en que todo lo que le acontece trabaja en su experiencia para bien, el salmista agradece la corrección de cualquier pensamiento descarriado. Su enfoque es eficaz porque, como lo señala esta Lección, solo lo bueno es real. Pablo termina con la firme convicción “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

Sección 1: Vigila tu pensamiento

¿Cuán de cerca y cuan atentamente vigilamos nuestros pensamientos? Sospecharía que un gran porcentaje de las veces aceptamos cada pensamiento que nos llega flotando u operamos en piloto automático, moviéndonos y haciendo cosas, sin pensar demasiado. Establece un temporizador para un período de solo dos minutos y ve cuántos pensamientos diferentes tienes en ese tiempo y cuán amplio es el espectro que cubren. Incluso si estás tratando de concentrarte en una cosa durante solo dos minutos, es realmente difícil. Filipenses 4, versículos 8 y 9 (B1) nos aconseja pensar solo en las cosas buenas. Dale una oportunidad y mira cuánto tiempo duras.

No lleva mucho tiempo darse cuenta de cuan dispersos e indisciplinados pueden ser nuestros pensamientos. Los pensamientos de Dios, por otro lado, nunca son aleatorios, casuales o frívolos. Como dice Jeremías, tienen un propósito y un objetivo. No hay duda ni interrogante de cómo terminarán las cosas (B2 — Jer. 29:11). La palabra de Dios y su pensamiento son uno y lo mismo. Y todo lo que Dios piensa es bueno, perfecto y real.

“El consejo de las naciones (paganas)” (B3 — Sal. 33:10) es el interminable parloteo de la teoría y el argumento que simplemente cotorrea en una incesante corriente. Tenemos que cortar ese “flujo irreflexivo” y tomar posesión de nuestros pensamientos. Los pensamientos de Dios no fluctúan al azar. La Mente Infinita no piensa de manera lineal con un pensamiento a la vez: Dios solo piensa buenos pensamientos — todos a la vez. Vale la pena repetir que enfocarse en lo bueno y magnificarlo no es vivir en un cuento de hadas. Los profetas a menudo y con mucho vigor señalan el error en la experiencia humana. Pero, como ilustra Isaías 25: 1 (B4), el énfasis está en exaltar a Dios y las cosas maravillosas que Él ha hecho. Los pensamientos de Dios son verdad y firmeza [o fidelidad] — podemos confiar en ellos sin fallar.

En Ciencia y Salud leemos: “El punto de partida de la Ciencia Divina es que Dios, el Espíritu, es Todo-en-todo …” (C1 —276: 6). El Diccionario de Referencia del Estudiante define “Todo-en-todo” como “todas las cosas para una persona o todo lo deseado”. ¿Es Dios realmente tu Todo-en-todo? Un pensador creativo que yo conozco sugiere que periódicamente, a lo largo de cada día, hagamos una pausa para una especie de “verificación o chequeo de la realidad”. Él lo llama encontrar “un punto de certidumbre”. Para él, es tan simple como considerar el hecho de que sabe que tiene una mano izquierda. Esto puede parecer un poco extraño para los Científicos Cristianos, y no estoy sugiriendo que practiques esto, pero tiene una razón de ser. Hace años escuché que durante la Segunda Guerra Mundial los nazis practicaron la guerra mental y trataron de implantar el miedo en las mentes de las fuerzas aliadas — especialmente de aquellos en los submarinos. Puede que esté recordando esto incorrectamente, pero creo que fueron los británicos a quienes se les dijo que para combatir esta negativa influencia mental maliciosa, deberían recitar el alfabeto mentalmente, en forma tal que una clara y simple certidumbre ocupase los pensamientos de los marineros y bloqueara esos pensamientos de temor.

Eso es bastante básico. Mary Baker Eddy dice que, en la Ciencia Cristiana, nuestro punto de partida metafísico es reconocer a Dios como el “Principio divino de todo lo que realmente es” (C1 —275: 10). ¡Esa es una “certeza” a la cual vale la pena adherirse!

Cuando silenciamos el flujo de nociones errantes, aleatorias e incontroladas con la certeza de Dios, nos llenará el Espíritu y elevará nuestra conciencia. La comprensión espiritual nos ayuda a distinguir la línea entre lo que es real y lo que no lo es. Pero aquí está la sorpresa — esta comprensión no es el resultado de un ejercicio intelectual. “… Es la realidad de todas las cosas sacada a la luz” (C2 —505: 17-18, 21-30).

Tenemos que admitir que ese es un punto de vista bastante radical. Y aquí hay otro: Dios ni creó el error, ni lo permite, ni sabe nada al respecto. ¡Sí! Escuchaste bien. La mayor parte del mundo — si es que creen en Dios — opera desde el punto de vista de que Dios lo sabe todo, incluido el mal.

Mary Baker Eddy no lo vio de esa manera. De hecho, llega a decir que eso es imposible. Si Dios conociera el mal, sería real, y si es real, Dios debe haberlo hecho de esa manera (C4 — 474: 28-30). Si Él lo hizo, no hay forma que nosotros podamos hacer algo al respecto. O nos quedaríamos atrapados en el mal, o seríamos más poderosos que Dios para poder revertir algo que Él creó.

Mary Baker Eddy se mantuvo fiel a su lógica divina, lo que le permitió declarar con confianza que Dios, la Verdad es real y el error es irreal (C5 —368: 2-4). ¡Ese es un momento de “caída del micrófono”, si alguna vez hubo uno!

[caída del micrófono en términos de slang inglés significa un gesto enfático y declarativo señalando la finalización de la performance de una nota musical, muchas veces literalmente arrojando el micrófono. Usado para señalar algo culminante y que no puede ser superado]

Sección 2: “¡No es así, cariño! ¡¡No es así¡!

[es una canción muy popular en su época y que perdura hoy, de Bing Crosby, década de 1930; cuya lirica es relativa a nuestros problemas, acerca de los cuales el diablo dice sí, pero Dios dice no es así, cariño, el Señor dice No es así; no hace diferencia cuales sean tus problemas, simplemente eleva tu mirada

Disponible en YouTube como “It Jus’ Tain’t So Honey! It Jus’ Tain’t So!!”]

Jesús no tuvo problemas para enfocarse en lo que era real. Una vez me contaron de un practicista de la Ciencia Cristiana del Sur de los Estados Unidos hacia mucho tiempo que tenía una respuesta similar a cada queja con la que un paciente la llamaba: “¡No es tan así, cariño! ¡¡No es así¡! “

Si bien Jesús no usó esas palabras, son similares al efecto neto de su respuesta. En la Lección de esta semana, leemos acerca de un hombre poseído por “un espíritu inmundo”. Los comentaristas piensan que esto fue el resultado de cierta corrupción moral dentro del hombre, lo que hizo que él admitiera al demonio en primer lugar. Así que aquí estaba un hombre que no había estado vigilando sus malos pensamientos y en consecuencia fue superado por ellos. Como suele ser el caso, el individuo más corrupto es el que más fuerte protesta, especialmente contra algo o alguien obviamente bueno. Jesús, que no se dejó impresionar por la obstinación, reprendió al espíritu maligno. Por supuesto, el espíritu inmundo no se fue tranquilamente en silencio; y antes de partir, le provocó convulsiones al hombre. Jesús se mantuvo sin dejarse impresionar y los espectadores se asombraron del poder sanador de Jesús. De una forma u otra, Jesús se enfrentaba constantemente a la oposición a su misión. Pero en todos los casos él se rehusó a que lo distrajeran de su misión.

Las distracciones son de todo tipo — a veces a través de la resistencia y, a veces, incluso a través de la adulación. Jesús no mordió el anzuelo en ninguno de los casos. Les dijo que este poder no era suyo, sino de Dios. A pesar de los continuos malentendidos sobre su trabajo, Jesús siempre enfrentó la situación con dominio. En El Mensaje, una paráfrasis del Nuevo Testamento en lenguaje contemporáneo, Eugene Peterson pone una de las respuestas de Jesús de esta manera: “Llego a la escena, les digo la pura verdad y ustedes se niegan a tener algo que ver conmigo. ¿Puede alguno de ustedes condenarme de una sola palabra engañosa, de un solo acto pecaminoso? Pero si digo la verdad, ¿por qué no me creen?” Si bien es cierto que Jesús ciertamente trajo un nuevo enfoque a la teología, no vino para anular la ley de Dios. Él vino a cumplirla. Cualquiera que sea la forma que tomó la enfermedad, Jesús la reprendió y la sanó.

Ciencia y Salud señala que Jesús fue paciente tanto con los estudiantes como con los detractores (C6 —136: 33-1). Además de nuestra conclusión de que no hay forma de que Dios pueda producir el mal, tenemos una extensión lógica — que de ninguna manera un Dios bueno podría producir ni tampoco produciría la enfermedad (C7 —474: 16-22). Para el sentido humano, el pecado, la enfermedad y la mortalidad parecen inevitables. Pero cuando Cristo nos despierta a la realidad espiritual, vemos que la imagen mortal es un sueño ilusorio. Nuestro libro de texto nos dice: “La realidad es espiritual, armoniosa, inmutable, inmortal, divina, eterna” (C9 —335: 29). Si no es espiritual, no es real. Incluso frente a la sencilla declaración de Mary Baker Eddy, tendemos a aceptar simplemente lo que informan los sentidos. La Ciencia Cristiana nos enseña a “aferra[rnos] a la verdad del ser en contraposición al error de que la vida, la sustancia, o la inteligencia puedan estar en la materia” (C11 —418: 5). Siempre debemos abogar por la verdad. La miríada de caos de circunstancias materiales no define ni dicta la realidad. La realidad está gobernada por una verdad fija.

Sección 3: No les creas a los farsantes

En CedarS Camps, a veces hacemos un pequeño desafío en el que un grupo de campistas tienen los ojos vendados y tratan de sortear los obstáculos entre el punto A y el punto B, mientras los ayudantes les gritan instrucciones. Eso parece bastante simple hasta que agregamos otro grupo de “adversarios” que también gritan direcciones erróneas. Ayuda si reconoces la voz de tu ayudante y no prestas atenciones a los que intentan confundirte. En nuestras vidas, también tenemos impulsos en competencia y, a menudo, en conflicto. Proverbios nos advierte que no nos dejemos engañar por el mal (B10 — Prov. 1:10).

No todas las tentaciones engañosas son obvias. El libro de los Hechos se refiere a los falsos profetas. Estos farsantes parecen estar de tu lado, cuando en realidad te están alejando más de la realidad espiritual. Pablo no se dejó engañar. Vio a través de sus pretensiones. Los retó por sus engaños, y el relato dice que en un caso, ellos cayeron inmediatamente en la niebla y la oscuridad (B11 — Hechos 13: 9-11). En 2 Corintios 4: 3, 4 (B12) Pablo dice que si el evangelio parece que está “encubierto, entre los que se pierden está encubierto”. Él dice, el dios de este mundo nos impide ver la realidad. Como un comentarista lo expresa, el pecado obstaculiza nuestra visión:

El nervio espiritual es destruido. La retina de la mente está descompuesta. La imagen correcta no es formada … Algo se interpuso entre tú y la verdad. Miras a través de un medio que se oscurece, sobre un mundo denso. Un gran pecado obstaculiza la visión. El cielo se eclipsa. No puedes ver a Dios. (Comentario del Púlpito de la Iglesia, de James Nisbet)

Mary Baker Eddy tiene una visión similar cuando escribe que creer que la materia tiene inteligencia es como estar en una niebla que se dispersa cuando la luz de la verdad brilla (C12 —205: 15). Esta creencia de la vida en la materia, y de una mezcla del bien y del mal oscurece la verdadera visión para nosotros. ¿Alguna vez te has sentido como uno de los perdidos?

Para encontrar nuestro camino, tenemos que aprender que todo mal — al igual que esos falsos profetas — no es más que un engaño. Cuando se presenta como capaz de dominarnos, podemos confiar en estas palabras de Ciencia y Salud: “El mal no es supremo; el bien no está indefenso…” (C15 — 207: 10-14). Eso es realmente importante. Tenemos que darnos cuenta de que el mal solo tiene el poder que nosotros le permitimos. No es nada a menos que lo creamos y lo aceptemos. Depende de nosotros negarnos a aceptarlo. Y si nos resulta difícil decir “No” al mal, podemos recordar que decir “Sí” a Dios es más fácil. Si realmente amamos el bien, lo buscaremos y seguiremos y los resultados se verán claramente (C16 —239: 20).

Sección 4: Todos estamos en el mismo equipo

Uno de los lugares en los que esperaríamos encontrar seguridad y apoyo es en la iglesia. Después de todo, Jesús dijo que la gente reconocería a sus seguidores por su amor entre ellos. Sin embargo, desde el principio, la iglesia ha luchado con desacuerdos y facciones.

Pablo les escribe a los corintios que le han dicho que hay divisiones entre ellos y que tiene él algunas razones para creer que eso es verdad (B13 — I Cor. 11:18). Los comentaristas especulan que los desacuerdos a menudo se referían a cuestiones de procedimiento más que a cuestiones teológicas. Pablo anhelaba que esos informes no fueran ciertos, pero según la cantidad de epístolas que él y los apóstoles escribieron sobre la desunión en la iglesia, debe haber sido un continuo problema. Estos desafíos en las relaciones en la iglesia también son evidentes en el Antiguo Testamento. En Malaquías 2:10 (B15), el profeta apela a sus oyentes: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?” En la superficie, esto podría parecer una simple petición de hermandad, pero hay más cuando se ve en contexto.

Originalmente, se trataba de una acusación contra los judíos que abandonaban a sus esposas judías y se casaban con paganas. Según Matthew Poole (1624-1679), desde el regreso de los judíos del exilio en Babilonia, este era un problema común tanto entre los laicos como entre los sacerdotes. Todo el mundo lo estaba haciendo. Hoy en día, podríamos ver esto como una advertencia sobre cualquier hábito o pensamiento mundano que adoptemos o llevemos a la iglesia. Nos podríamos preguntar: “¿Con qué creencias del mundo estamos casados? ¿Qué es lo que invitamos a nuestro hogar mental, para apreciar y convivir, que nos aleja de la familia de Dios?”

Santiago 3:14 (B16) menciona específicamente la envidia como algo a lo que debemos estar atentos. El Ilustrador Bíblico (un comentario bíblico) señala que incluso un hombre excelente, mayormente “libre de todo apetito pecaminoso de la carne” puede caer en la envidia:

Él puede ser un filósofo, puede morar especulativamente en la región de lo abstracto y lo ideal y, sin embargo, su alma puede estar llena de esta corrosiva malicia. La envidia es también la más puramente maligna. Casi todas las demás pasiones, incluso las que se reconocen como pecaminosas, tienen algo de bueno, o una apariencia de bueno. Pero la envidia o el odio a un hombre por el bien que hay en él, o de alguna manera le pertenece, es mal puro y sin mezcla. Es el aliento de la antigua serpiente. Es puro diablo, como también es puramente espiritual [con lo cual se quiere decir que es “mental”]. Es un veneno para el alma …

En Efesios 4:31 (B17) se nos aconseja que “desechemos” [se quiten de nosotros] la amargura, el enojo, la ira, la gritería y la maledicencia [o insulto]. John Trapp (1601-1669) nos dice que esto significa “aplastarlo ahora mediante la oración” para que no se nos escape de las manos. Me encanta esa idea — “aplastarlo ahora mediante la oración” lo más rápido posible. Tendemos a dejar que las cosas se demoren, o las tratamos a medias, pero debemos ocuparnos de ellas con prontitud.

Ciencia y Salud enseña que el remedio para las divisiones es reconocer que todos los hombres tienen una Mente (C17 —469: 32-5). La discordia es una creencia acerca de muchas mentes en competencia y no es nuestro estado natural. La armonía es el verdadero estado del hombre porque todos somos hermanos. Muchas de las disputas en la iglesia son sobre procedimientos y “reglas”. En las iglesias de la Ciencia Cristiana, los miembros generalmente emplean el término “Principio” durante estas “discusiones”. Sin embargo, debemos recordar que el Principio divino es el Amor. La palabra “regla” proviene de una palabra que significa enrejado. Sabemos que un enrejado se usa para levantar las vides del suelo y luego guiarlas hacia arriba para que den más fruto. Entonces, en lugar de que el Principio sea duro y severo, en realidad es gentil, nos guía al cielo, fomentando la producción de más frutos. Nuestro libro de texto nos invita: “aprendamos de lo real y lo eterno, y preparémonos para el reino del Espíritu, el reino de los cielos” (C19 —208: 20). Para estar en armonía con Dios, no podemos dejarnos distraer por las disputas personales. Debemos regirnos por la realidad — la realidad de que Dios es la única Mente. No debemos ceder más a la discordia de la iglesia de lo que cedemos a la discordia corporal (CS20 —186: 22-24).

No te impresiones si ves confusión en las filas de los hermanos. Continúa trabajando, confiando en que la comprensión de la omnipotencia y la unidad de la Mente es la única realidad, y observa cómo funciona.

Sección 5: ¿Hay algo que sea “demasiado”?

En Romanos 8:35 (B18) Pablo plantea la pregunta: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Yo siempre había pensado que eso significaba que nada de lo que sucediese podría separar al Cristo de amarme y protegerme. Pero el teólogo Adam Clarke (c1760-1832) ofrece una lectura diferente. Él escribe, “la pregunta no es, ¿Quién separará el amor de Cristo de nosotros? ¿O quién puede impedir que Cristo nos ame? Si no, ¿Quién nos separará a nosotros del amor a Cristo? ¿Quién o qué podrá quitar nuestro afecto de él?” El punto de vista de Clarke nos hace reflexionar sobre la pregunta — ¿Hay algo que pueda disminuir nuestra fe en, o hacer que perdamos nuestro amor por, Dios? Para que eso suceda, tendríamos que estar convencidos de que o algo más que Dios es real, o que Dios no es lo que pensamos que era.

Pablo declara que está “persuadido” de que nada podría separarlo del amor de Cristo. El pastor contemporáneo Mark Dunagan señala que de acuerdo con Word Pictures in the New Testament de Robertson, la frase “Estoy persuadido” significa “Yo me mantengo convencido”. Continúa diciendo,

Esta es la clave de por qué algunos cristianos fracasan y otros triunfan. Todo se reduce a “convicción, fe, confianza”. ¡La persona que no puede permitirse a sí misma confiar en Dios, fracasará! La buena noticia es que la “confianza” es algo sobre lo cual tenemos control. No tenemos control sobre “las externalidades ni sobre muchas de las circunstancias”, pero ¡si tenemos control sobre lo que elegimos creer! Y “en quién” elegimos confiar.

Pablo demostró esa confianza a través de muchas pruebas severas. Una vez, mientras predicaba hasta altas horas de la noche, un joven se quedó profundamente dormido y cayó desde el tercer piso y se mató (B19 — Hechos 20: 7-12).

Ahora pensemos un poco en Pablo. Realmente no podemos saber con certeza lo que estaba sintiendo, pero imagínense lo que podría haber estado tentado a sentir. Podría haberse sentido avergonzado de que sucediera tal tragedia mientras él hablaba. Podría haberse sentido culpable de darse cuenta de que amaba el sonido de su propia voz más que las necesidades de sus oyentes. ¿Cómo te sentirías tu si esto sucediera mientras predicabas? Para la mayoría de las personas, cuando alguien está muerto, es demasiado tarde para hacer algo al respecto y probablemente nos sentiríamos muy mal. Los viejos dichos sobre la fragilidad de la vida podrían cobrar una aplastante importancia en nuestro pensamiento. Alguien también podría sentirse abrumado por la ironía y la superstición — “¡Justo cuando las cosas se veían bien, este tipo se cae por la ventana!”

Aparentemente, Pablo no se inmutó por nada de esto. No se desanimó, ni pensó en la mala suerte que había tenido, ni en cómo este accidente podría deshacer todo lo que acababa de predicar. Pablo no se saltó ni un compás. Se acercó a él y lo abrazó, y el joven revivió. ¿Por qué? Porque Pablo sabía que el cuadro material de muerte y accidente no era real. Dios es Vida y Dios es el único real.

No sé ustedes, pero ha habido muchas veces en las que me estaba sintiendo muy bien con mi oración, a veces volviendo a casa de lo que pensé que era una gran charla que había dado, o después de leer un oficio en la iglesia — simplemente volando alto. — y poco después, ¡WHAM! Sucede algo que pone todo eso a prueba. Puede ser cualquier cosa, desde la irritación por la cosa más insignificante hasta un gran problema; pero sucede algo que deshace todas las buenas sensaciones que acababa de tener.

En Gálatas 5:25 (B20) se nos recuerda que si tenemos la intención de vivir en [y por] el Espíritu, debemos caminar en [y por] el Espíritu. ¿Qué significa eso? El reverendo John Milne de Perth escribe: “¿Qué es el andar de un hombre? Es toda su vida, toda su conducta, exterior e interior, todo lo que piensa, siente, desea, habla, hace y sufre. Andar en el Espíritu es tener el Espíritu Santo originando, dirigiendo, controlando y gobernando todo esto “.

Esto describe una consistencia de la fe y una adhesión inquebrantable a la supremacía de Dios, el Espíritu, la Vida, frente a todos y cada uno de los testimonios materiales de lo contrario. No importa cuán real parezca la imagen humana, la única realidad verdadera es lo que Dios conoce, ve y hace.

Mary Baker Eddy tenía esa posición y la mantuvo donde otros teólogos no la tenían. Para ella, si Dios era real y Dios era Vida, no hay muerte; y cualquier evidencia de muerte es falsa. Ella escribió: “El Espíritu es la vida, la sustancia y la continuidad de todas las cosas” (C23 —124: 27-28).

Ella afirma que el pecado, la enfermedad y la muerte solo parecen reales, y que “no son verídicas porque no son de Dios” (C24 —472: 25-31). Incluso llega a decir que “la mortalidad del hombre es un mito” (C26 — 545: 33-1).

Lo que dice la Descubridora de la Ciencia Cristiana sobre la realidad de la Vida y la irrealidad de la muerte es diferente a todo lo que he encontrado en otros lugares. Simplemente tómate el tiempo para reflexionar y asimilar las citas en esta sección y especialmente la cita 28 (C 427: 1-10, 33) en Ciencia y Salud. Es extraordinaria. Aquí hay algunos extractos:

“Si es cierto que el hombre vive, este hecho jamás puede cambiar en la Ciencia [o sea, en la realidad] a la creencia opuesta de que el hombre muere … Al ser individual del hombre le es tan imposible morir o desaparecer en la inconsciencia como le es al Alma, pues ambos son inmortales … El pensamiento despertará de su propia declaración material, “Estoy muerto”, para percibir este toque de clarín de la Verdad: “No hay muerte, no hay inacción, acción enfermiza, acción excesiva ni reacción””.

La autora de estas palabras promete que a medida que entendamos esto, nuestros días se alargarán (C29 — 487: 26). Tener esta convicción nos da el poder de superar todos los desafíos, sin importar cuán abrumadores parezcan.

Sección 6: Adherirse a esto te hará bien, ¡de verdad!

Aunque parece tener una aplicación bastante amplia, el contexto de la tercera carta de Juan ofrece algunas ideas interesantes (B21 — III Juan 1: 2,4,11). La carta está dirigida a Gayo, de quien los comentaristas dicen que padecía una enfermedad de larga data. Por eso Pablo deseaba que su salud estuviera tan bien como su alma. Como hemos comentado, es fácil tener una mente santa cuando las cosas van bien, pero cuando la subida es cuesta arriba, mantener la fe no es tan fácil. Por lo tanto, Juan está expresando su admiración no por los cristianos “de buen tiempo”, sino por aquellos que son consistentes cuando se les prueba y permanecen en la verdad.

Pedro también nos anima a seguir adelante sin importar la resistencia (B22 — I Pedro 3:13). En The Message, Eugene Peterson parafrasea las palabras de Pedro de esta manera: “Si con el corazón y el alma lo estás haciendo bien, ¿crees que te pueden detener?” Si leemos más allá de esta cita en la lección, Pedro continúa diciendo: “Incluso si sufres por ello, estás aún mejor. No le des a la oposición un segundo pensamiento “. Ese tipo de perspectiva es lo que nos ayuda a superar los desafíos hasta la victoria.

Ciencia y Salud nos anima con el recordatorio de que los desafíos que enfrentamos no son reales. El hombre real es y siempre ha sido perfecto, así que no hay nada que cambiar. Teniendo esta idea verdadera de lo que es real, perdemos todo miedo o sentido del mal (C31 —325: 2-5). La Lección termina con la simple verdad: “La realidad espiritual es el hecho científico en todas las cosas” (C32 —207: 28-29). Mientras magnificamos lo bueno, nada puede convencernos de lo contrario.

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