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El Bien [ “TODO es el Bien” ]
Ideas de Aplicación Metafísica de la Lección Bíblica de Ciencia Cristiana sobre
“Dios”
Del 26 de Diciembre, 2022 al 1º de Enero 2023
por Christie C. Hanzlik, C.S. en Boulder, CO
ccern@mac.com • 720-331-9356 • christiecs.com
INTRODUCCIÓN: TEXTO ÁUREO Y LECTURA ALTERNADA
Cada año, la primera Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana trata sobre “Dios”, lo cual es una excelente manera de comenzar nuestra práctica de sanación para el año nuevo. Aclarar nuestra definición de Dios puede servirnos como un nuevo comienzo metafísico, renovación, reinicio, renacimiento, etcétera. Como escribe Mary Baker Eddy en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “El punto de partida de la Ciencia divina es que Dios, el Espíritu, es Todo-en-todo…” (p. 275:6).
En anteriores Mets de CedarS, he advertido que la palabra “Dios”, cuando se define vagamente, puede ser problemática porque el término parece hacernos falsamente imaginar un ser semejante a un hombre que está separado de nosotros, separado de nuestra experiencia, que tiene una voluntad variable, que nos vigila o no, que satisface nuestras necesidades o no. Pero esto sería una comprensión falsa, limitada e invertida de Dios. Dios no es un ser parecido al humano. Dios es Amor sin límite, Vida sin principio, Verdad sin oposición, Principio sin esfuerzo, Espíritu sin fricción, Alma sin falsificaciones. Dios es todo. Y Dios es bueno.
Considere que cuando decimos “Dios es bueno”, no es lo mismo que decir “el pastel está bueno*”. Cuando decimos que un pastel está bueno, estamos usando “bueno” como adjetivo para describir un pastel. En cambio, cuando decimos que Dios es bueno, estamos usando bueno como sustantivo, como que Dios es el bien. Dios es bueno y el bien es Dios. Si esta aclaración no tiene sentido al principio, reflexiona sobre el concepto. La bondad de Dios es el desbordamiento del bien como sustantivo. Podemos tener claro que Dios es el bien, no meramente descrito como bueno. Y, sin embargo, también podemos utilizar bueno como atributo de Dios. En otras palabras, bueno es a la vez un término para Dios y un atributo de Dios, por lo que podríamos estar agradecidos por lo bueno del bien. La lección bíblica de esta semana nos ofrece una amplia oportunidad para reflexionar sobre esta y otras ideas sobre el “bien”, ya que contiene los términos “bien” y “bondad” más de 60 veces. *Gracias a mi amigo y compañero de Met, John Biggs, Científico Cristiano, por este ejemplo sobre el pastel que compartió conmigo hace una década, mientras estábamos sentados al borde del escenario en el albergue de CedarS.
El Texto Áureo, o idea principal, de la Lección Bíblica, comienza con el Salmo: “Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne.” y añade que Dios corona el año con sus  “bienes”. La bondad es el desbordamiento y la expresión del bien, así que, tal como yo lo entiendo, el salmista se alegra de que el año esté coronado por la bondad -el desbordamiento del bien, Dios. (TA, Salmo 65: 2, 11 NTV y Reina Valera)
Observe el uso de las palabras bueno y bondad en la Lectura Alternada.  Obsérvese también que al menos cuatro términos de la Lectura Alternada son palabras que Mary Baker Eddy define en el “Glosario” de Ciencia y Salud. Estos términos incluyen desierto, niños, cielo(s), tierra. A manera de proyecto, considere buscar estos términos en el “Glosario”. Mientras lo hacía y reflexionaba sobre el significado espiritual de estos términos en el contexto de la Lectura Alternada, se me hizo cada vez más claro que la bondad del bien perdura, redime, libera, satisface, llena, sana, reina y se regocija en todos los aspectos de nuestra experiencia. (RR, Salmos 107: 1-20, 1 Crónicas 16: 27-34)
SECCIÓN 1: EL BIEN COMO TÉRMINO PARA DIOS
La primera sección de la Lección Bíblica comienza describiendo a Dios como el Alfa y la Omega -el principio y el fin-, el todo de la existencia. (cit. B1, Apoc. 1: 8) Y luego nos recuerda que debemos dar gracias, alegrarnos y regocijarnos porque Dios es bueno. (cit. B2, Salmo 118: 1; cit. B3, Salmo 100: 1-5; cit. B5, Salmo 54: 6)
Mary Baker Eddy define el término “Bien”: “EL BIEN. Dios; Espíritu; omnipotencia; omnisciencia; omnipresencia; omni-acción”. (cit. C1, 587:19) Ella afirma que en al menos 20 idiomas, “Bueno es el término para Dios”. (cit. C2, 286:16-19) Los etimólogos explican que el término “bueno” no es simplemente la palabra “Dios” con una “o” de más (en inglés “God”-“good”,… los términos son homomórficos, lo que significa que suenan parecido, pero esto no significa que en su día se consideraran la misma palabra. Los etimólogos aún debaten los orígenes de la palabra “Dios”, pero parecen estar de acuerdo en que no comparte raíces con la palabra “bueno” (por su semejanza en el idioma inglés). Hay más por explorar, pero, tal como yo lo leo, la etimología de bueno y Dios no niega lo que Mary Baker Eddy afirma en Ciencia y Salud. Tal como yo lo leo, ella está diciendo que los términos Dios y el bien son intercambiables. En otras partes afirma que “Alma es un término para Deidad”, “Principio es el único término que transmite plenamente las ideas de Dios…”, “Amor es el término genérico para Dios”, etcétera. (Esc. Misc. 75:15-17; No y Si  20:11-13; Miscelánea 185:14)
Es difícil encontrar palabras adecuadas para describir a Dios. Mary Baker Eddy lamenta la insuficiencia del idioma inglés para transmitir la infinitud del Espíritu. (CIENCIA y SALUD 114:17, 117:10) Así, mientras leemos sobre la bondad del bien, Dios, podemos orar para aceptar la inspiración que hay detrás de las ideas. Puedes disfrutar explorando las raíces de las palabras “bueno” y “Dios” con un recurso etimológico como https://www.etymonline.com.
En algunos lugares de sus escritos, Mary Baker Eddy utiliza el término bueno para referirse a Dios. Y en otros lugares utiliza bueno como un atributo de Dios, como en la frase: “Ninguna sabiduría es sabia, sino Su sabiduría; ninguna verdad es verdadera, ningún amor es amoroso, ninguna vida es Vida, sino los que son divinos; ningún bien existe, sino el bien que Dios concede” (cit. C3, 275:10). La explicación de Mary Baker Eddy sobre el bien como término para referirse a Dios y como atributo de Dios me recuerda su elucidación sobre la palabra “amor”. Como ella explica: “Una palabra mal colocada cambia el sentido de la Ciencia de las Escrituras y la expone incorrectamente, como, por ejemplo, denominar el Amor como un atributo de Dios meramente; pero podemos, mediante el uso especial y correcto de las mayúsculas,  hablar del amor del Amor dando a entender con eso lo que el amado discípulo dio a entender en una de sus epístolas, cuando dijo: ‘Dios es amor’”.  (CIENCIA y SALUD, pp. 319:29-1) Podríamos considerar ese mismo párrafo con la palabra “bien” en lugar de amor y hablar así del bien del Bien.
Entender que el bien es a la vez un atributo y un término de Dios aporta claridad a la afirmación: “Dios solo, el Espíritu, creó todo y lo llamó bueno.” (cit. 6, 339:8-9)
SECCIÓN 2: LA BONDAD COMO DESBORDAMIENTO DEL BIEN/DIOS
La segunda sección comparte ideas sobre cómo Dios, el bien, se nos muestra o revela. Se centra en cómo vemos el bien y pregunta: “¿Quién nos mostrará el bien?”. (cit. B6, Salmos 4: 6) Como respuesta a esta pregunta, la sección incluye la historia de Elías oyendo el bien -la ” voz callada y suave”- por encima del ruido del viento del terremoto y del fuego. (cit. 8, I Reyes 18: 46; I Reyes 19: 9-12) En otras palabras, Elías escuchó la bondad de Dios como consuelo en medio de los problemas del mundo.
Todos podemos escuchar la “la voz callada y suave”, la bondad, de Dios.  Como explica Mary Baker Eddy: “El Espíritu, Dios, es oído cuando los sentidos están en silencio”. (cit. C7, 89:20-21)
En mi experiencia, la “voz” del bien ha llegado en forma de una visión, un atisbo de la Verdad, un mensaje audible, un conocimiento suave, etc. La “voz” del bien destaca porque lleva consigo una clara sensación de consuelo y seguridad. Su sonido es fuerte en su quietud. Como explica Mary Baker Eddy: “La voz callada y suave’ del pensamiento científico se extiende sobre continentes y océanos hasta los confines más remotos del globo. La voz inaudible de la Verdad es, para la mente humana, como cuando “ruge un león”. Se oye en el desierto y en los lugares tenebrosos del temor”.  (cit. C11, 559:8-13)
SECCIÓN 3: SOMOS DESIGNADOS PARA HACER EL BIEN
La tercera sección destaca el papel del que abre el camino, Cristo Jesús, para hacer el bien y mostrar las obras de Dios. En la sección anterior, Elías al oír la “voz callada y suave” ejemplifica el desbordamiento del bien. En esta sección, el desbordamiento del bien es ilustrado por los hechos y actos de Cristo Jesús.
Cristo Jesús se dedicó a “hacer el bien” y ejemplificó la bondad de Dios tan perfectamente que desde entonces se le confunde con Dios. Cristo Jesús es la expresión pura, el ejemplo más claro de la bondad de Dios que tenemos. Y Dios y Cristo Jesús son inseparables, de forma similar a como el bien y la bondad, la fuente y el flujo saliente, la causa y el efecto, son inseparables, y sin embargo Dios y Cristo Jesús tienen papeles distintos. Como afirmó Cristo Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas  a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y la vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”. (cit. B12, Lucas 4:16-21) En resumen, Dios ungió y designó a Cristo Jesús para hacer el bien de Dios.
Cuando alguien llamó a Cristo Jesús “Maestro bueno”, Cristo Jesús no aceptó el título. No aceptó que alguien lo describiera como causa o fuente del bien, y tenía claro que Dios es la única fuente de todo bien. Como afirmó Cristo Jesús: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno  hay bueno sino uno: Dios”. (cit. B14, Mateo 19:16-17)
Cristo Jesús nos da el ejemplo más claro de Cristo: el desbordamiento del bien. Cristo es lo que nos hace conscientes del bien, conscientes de Dios. Y Cristo Jesús era pura y constantemente consciente del bien, consciente de Dios. Mary Baker Eddy explica la conexión inseparable entre Cristo y Jesús. Ella escribe: “El Cristo es la verdadera idea que proclama el bien, el divino mensaje de Dios a los hombres que habla a la conciencia humana… Jesús demostró a Cristo; comprobó que el Cristo es la divina idea de Dios, el Espíritu Santo, o Consolador, que revela el Principio divino, el Amor, y conduce a toda la verdad”. (cit. C15, 332:9-11) Cristo Jesús es nuestro modelo, nuestro Mostrador de Camino, para evidenciar cómo nosotros también podemos hacer el bien y sanar a los quebrantados de corazón.
Dios nos ha designado para hacer el bien. Y podemos aceptar nuestro nombramiento. En un artículo del Christian Science Sentinel titulado “Sin desilusión”, Andrew Wilson escribe: “El hecho contrario a cualquier desilusión en nuestras vidas es el hecho espiritual de que el hombre de Dios, genéricamente, nunca puede ser desilusionado porque Dios nos ha designado, y Su designación es siempre buena y no puede ser revertida”. Por esa razón, hace algunos años llegué a la conclusión de que el nombramiento es el antídoto contra la desilusión, y desde entonces he incorporado ese hecho en mi forma de pensar y de vivir, con buenos resultados.” (Christian Science Sentinel 14 de enero de 2014)
Al aceptar la designación de Dios para hacer el bien, nos hemos “alistado para disminuir el mal, la enfermedad y la muerte; y [los] venceremos comprendiendo su nada y la totalidad de Dios, o el bien. La enfermedad para [nosotros] no es una tentación menor que el pecado, y [los] curamos a ambos al comprender el poder de Dios sobre ellos.” (cit. C17, 450:19-24) Como Cristo Jesús, podemos decir: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque [Dios] me ha ungido para predicar el Evangelio a los pobres; [Dios me ha] enviado a curar a los quebrantados de corazón, a predicar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.” (cit. B12, Lucas 4:16-21)
Nuestro nombramiento para hacer el bien puede venir con desafíos, pero podemos enfrentar estos desafíos con gratitud, alegría, dominio y expectativa de bien. Tenemos buenas instrucciones en el libro de texto de la Ciencia Cristiana sobre cómo cumplir con nuestra misión. Mary Baker Eddy escribe, por ejemplo: “Cuando la ilusión de enfermedad o de pecado te tiente, aférrate firmemente a Dios y a la idea [de Dios]. No permitas que nada sino Su semejanza [de Dios] more en tu pensamiento….. Deja que la Ciencia Cristiana, en vez del sentido corporal, apoye tu comprensión del ser, y esta comprensión sustituirá el error por la Verdad, reemplazará la mortalidad con la inmortalidad, y silenciará la discordancia con la armonía.” (cit. C18, 495:14-16, 20)
SECCIÓN 4: LA MISERICORDIA DE DIOS ES CONTINUA
La cuarta sección celebra la bondad de Dios que se derrama y satisface todas las necesidades. La sección se abre con el Salmo: ” Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma hambrienta”. (cit. B15, Salmo 107:8, 9) Dios es bueno.  Y la bondad de Dios se derrama para nosotros. “Dios hace habitar en familia a los desamparados;”. (cit. B16, Salmo 68:6) Y, como proclamó el salmista, “La misericordia de Dios es continua..” (cit. B19, Salmo 52:1)
Dios es bueno, como afirma el salmista, pero esta sección también plantea la pregunta de ¿cómo podemos confiar en la bondad de Dios cuando nuestras experiencias son desafiantes?
El apóstol Pablo, que se enfrentó a penurias y persecuciones mientras compartía el mensaje de Cristo con los demás, se mantuvo firme en su convicción de la bondad perdurable del bien. Nada podía persuadir a Pablo de que Dios fuera menos que bueno o de que pudiéramos separarnos de la bondad de Dios. Pablo escribió: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir… Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (cit. B18, Romanos 8:38, 39)
Mary Baker Eddy comprendió la lucha de Pablo y también comprendió nuestra inseparabilidad innata de la bondad del bien que Pablo predicaba. Ella escribió: “El hombre espiritual es la imagen o idea de Dios, una idea que no puede perderse ni ser separada de su Principio divino. Cuando la evidencia ante los sentidos materiales cedió ante el sentido espiritual, el apóstol [Pablo] declaró que nada podía separarlo de Dios, del dulce sentido y presencia de la Vida y la Verdad…. La ignorancia y la creencia falsa, basadas en un sentido material de las cosas, son las que ocultan la belleza y la bondad espirituales. Comprendiendo esto, Pablo dijo: “Ni la muerte, ni la vida, . . . ni lo presente, ni lo futuro, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios”. (cit. C20, 303:28-9)
Al igual que Pablo, Mary Baker Eddy comprendió la bendición que proviene de las dificultades, la bendición que proviene de la comprensión de que la bondad de Dios perdura continuamente. Como ella explicó: “¿Quién que ha sentido la pérdida de la paz humana no ha ganado deseos más fuertes por el gozo espiritual? La aspiración al bien celestial nos viene aun antes que descubramos lo que pertenece a la sabiduría y al Amor.” (cit. C19, 265:23-26)
A menudo es en nuestras luchas más profundas -en los momentos en que estamos dispuestos a dejar de lado las opiniones humanas limitadas- cuando descubrimos y somos capaces de apoyarnos plenamente en la fuerza de la bondad de Dios. La bondad del bien siempre se derrama sobre nosotros, y sin embargo, a menudo no nos damos cuenta de ello hasta que dejamos de intentar hacerlo todo nosotros mismos. Y, sin embargo, podemos aceptar la bondad del bien como un buen huésped acepta la hospitalidad de un buen anfitrión. Como nos recuerda poéticamente Mary Baker Eddy: “Peregrino en la tierra, tu morada es el cielo; extranjero, eres el huésped de Dios”. (cit. C23, 254:31)
El bien de Dios se derrama y podemos aceptarlo.
SECCIÓN 5: LA BONDAD A MENUDO LLEGA DE FORMAS INESPERADAS
La quinta sección incluye la historia de cuando Pedro y Juan curaron al hombre que estaba cojo y que era depositado diariamente en la puerta del templo. Cada día el hombre pedía limosna a los que entraban en el templo. El hombre buscaba la bondad en forma de limosna.
Pero Pedro y Juan le ofrecieron una forma inesperada de bondad. En lugar de ofrecerle monedas, Pedro le dijo esencialmente: “No tengo plata ni oro para ti, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret levántate y anda”. Por supuesto, el hombre se curó y alabó a Dios por la bondad recibida. (cit. B20, Hechos 3:1-9) Las alabanzas del hombre pueden haber sonado muy parecidas a las palabras de los salmistas: “Alabad el nombre de Jehová; Alabadle, siervos de Jehová; Los que estáis en la casa de Jehová, En los atrios de la casa de nuestro Dios” (cit. B21, Salmo 135:1-3)
Mary Baker Eddy entendía la curación física como el derrocamiento de un falso sentido de Dios, como el derrocamiento de un sentido limitado del bien. Ella explicó: “Las Escrituras declaran: “Jehová es Dios [el bien], y no hay otro fuera de Él’. De igual manera, la armonía es universal, y la discordancia es irreal. La Ciencia Cristiana declara que la Mente es sustancia, también que la materia no siente, ni sufre, ni goza. Mantén estos puntos firmemente a la vista. Ten presente la verdad del ser: que el hombre es imagen y semejanza de Dios, en quien todo el ser está exento y es permanente.” (cit. C24, 414:21-28)
Dios es bueno y no es la fuente del mal. Dios sólo es bueno y no es la causa del mal. Lo que aparece como discordante o inarmónico o malo es una visión limitada y distorsionada que, cuando se corrige, amplía nuestra comprensión y restaura la actividad correcta. Como explica Mary Baker Eddy: “Puesto que Dios es bueno y la fuente de todo el ser, Él no produce deformidad moral o física; por tanto, tal deformidad no es real, sino una ilusión, el espejismo del error”.  (cit. C25, 243:32-3) El hombre de la puerta del templo había parecido aceptar su cojera como la verdad de su ser y así había limitado su sentido del bien que podía recibir. En su opinión, el único bien que podía pedir era limosna. Pero Pedro y Juan lo veían de otra manera. Vieron al cojo como un hombre plenamente receptivo al bien, capaz de recibir una dosis completa de bien y, por tanto, capaz de aceptar una visión renovada, un sentido sanado del ser. El hombre era capaz de recibir la bondad de Dios incluso cuando llegaba de forma inesperada.
Mary Baker Eddy ofrece pasos concretos para superar la falta de armonía o el mal. Escribe: “Insiste mentalmente en que la armonía es la realidad, y que la enfermedad es un sueño temporal. Percibe la presencia de la salud y la realidad del ser armonioso, hasta que el cuerpo corresponda con las condiciones normales de la salud y la armonía.” (cit. C27, 412:25) En otro lugar nos instruye a “Levántate con la fuerza del Espíritu para resistir todo lo que sea desemejante al bien. Dios ha hecho al hombre capaz de esto, y nada puede invalidar la capacidad y el poder divinamente concedidos al hombre”. (cit. C28, 393:13)
Sus instrucciones no son meras opiniones humanas. Estas instrucciones se basan en la verdad del ser, la ley del bien que afirma: “Todo lo que Dios imparte se mueve de acuerdo con Él, reflejando bondad y poder”. (cit. C29: 515:21) La bondad de Dios se refleja en nosotros del mismo modo que el talento de un artista se refleja en su obra. Somos la obra buena de Dios.
SECCIÓN 6: LA BONDAD DE DIOS NOS RODEA
En la primera cita de la sexta sección, Jeremías dice: “Mi pueblo será saciado de mi bien”.
(cit. B22, Jeremias 31:14)
Todos estamos rodeados de la bondad de Dios, inmersos en ella, como una gota de agua que se funde en unidad con el océano. Como leemos en Zacarías: “¿Cuánta es su bondad [de Dios] y cuánta su hermosura! (cit. B24, Zacarías 9:17)
Estamos tan rodeados de bondad que no siempre podemos determinar de dónde procede.  Como escribe Mary Baker Eddy: “El Espíritu bendice al hombre, pero el hombre no sabe “de dónde viene”. Por medio de aquel, los enfermos son sanados, los afligidos son consolados y los pecadores son reformados. Estos son los efectos de un único Dios universal, el bien invisible que mora en la Ciencia eterna” (cit. C30, 78:30).
Cada uno de nosotros puede esforzarse por notar más lo bueno, reconocerlo y alabar a Dios por su bondad siempre presente. Esta bondad está presente para cada uno de nosotros. Cada una de las ideas de Dios es digna de bondad. Como afirma Mary Baker Eddy: “El amor da a la menor idea espiritual poder, inmortalidad y bondad, que brillan a través de todo como la flor brilla a través del capullo. Todas las variadas expresiones de Dios reflejan salud, santidad, inmortalidad, la Vida, la Verdad y el Amor infinitos”. (cit. C31, 518:19)
Todos podemos oír la “la voz callada y suave”, la bondad, de Dios por encima de lo que parece el clamor del mundo.
No estamos separados de la bondad de Dios. En realidad, formamos parte de esa bondad. Somos la bondad, lo que derrama la bondad de Dios. El conocimiento de nuestro papel como la bondad de Dios nos da un sentido renovado de propósito. Podemos aceptar este nombramiento -¡ser la bondad! -y vivirlo hoy y durante todo el año que viene. Al enfrentarnos a cada uno de nuestros desafíos, podemos verlo como la oportunidad de derribar el sentido limitado y distorsionado del bien, y adquirir un sentido más claro y profundo de que Dios es bueno y Dios es todo. Como afirma Mary Baker Eddy: “El máximo del bien es el Dios infinito y Su idea, el Todo-en-todo”. (cit. C32, 103:18-19)
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