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¡Deja que la “fe, esperanza y amor” (I Cor. 13:13) establezca la irrealidad del pecado, la enfermedad y la muerte!

Ideas de aplicación metafísica para la Lección Bíblica Trimestral de la Ciencia Cristiana sobre

“¿Son reales el pecado, la enfermedad y la muerte?”

2-8 de octubre de 2023

Valerie Minard, CS, St. Louis, MO
valminard@gmail.com   609-922-0536

      Traducción libre por Elizabeth Wong autorizada por Warren Huff


INTRODUCCIÓN – TEXTO ÁUREO

La lección de esta semana responde a la pregunta: “¿Son reales el pecado, la enfermedad y la muerte?”. Algunas personas podrían pensar que esta es una pregunta obvia.  “¡Por supuesto que son reales!  Pero Mary Baker Eddy, una mujer poco conocida en 1866, hizo un descubrimiento importante que nos invita a replantearnos esta pregunta.  Después de escudriñar las Escrituras, y ser sanada de un accidente casi mortal, llegó a la conclusión de que ¡NO, NO SON REALES!

Durante muchos años, ella aplicó lo que estaba aprendiendo acerca de Dios y las obras de sanidad de Jesús, y comenzó a sanar también.  Ella llamó a este sistema de curación cristiana, Ciencia Cristiana, que permite a cualquiera demostrar la irrealidad del pecado, la enfermedad y la muerte a través de la comprensión de la naturaleza de Dios.

Ella escribe en su libro, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, “Cuando evidentemente me encontraba  cerca de los confines de la existencia mortal, estando ya en la sombra del valle de muerte, aprendí estas verdades en la Ciencia divina: que todo ser verdadero está en Dios, la Mente divina, y que la Vida, la Verdad y el Amor son todopoderosos y están siempre presentes; que lo opuesto a la Verdad – llamado error, pecado, enfermedad, dolencia, muerte – es el falso testimonio del falso sentido material de que hay mente en la materia; que este falso sentido desarrolla, en creencia, un estado subjetivo de la mente mortal que esta misma así llamada mente denomina materia, excluyendo así el verdadero sentido del Espíritu”. (SH 108:19)


                                    TEXTO ÁUREO

Te preguntarás qué tiene que ver el Texto Áureo con esta importante pregunta.  ¿Qué tienen que ver la fe, la esperanza y el amor con el pecado, la enfermedad y la muerte?  ¿Por qué no se mencionan métodos materiales para explicar el origen, la condición y el alcance de estos problemas?

San Pablo contrastó estas tres cualidades, esperanza, fe y amor en I Corintios 13.- afirmando al final del capítulo, que lo más grande es el amor.  También dijo, que “el amor es el cumplimiento de la ley”.  (Romanos 13:10)

¿De qué ley hablaba?  De la ley de Dios.  La ley de la Vida, la Verdad y el Amor.  La fe y la esperanza desarrollan nuestra confianza en el Amor de Dios y en su omnipresencia.  Pero el Amor cumple la ley de Dios. San Juan escribió: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (I Juan 4:18).

El diccionario Webster de 1828 define la fe como: “… Una confianza total en el carácter y las declaraciones de Dios, y en el carácter y las doctrinas de Cristo, con una rendición sin reservas de la voluntad a su guía, y dependencia a de sus méritos para la salvación. En otras palabras, esa firme creencia del testimonio de Dios, y de la verdad del evangelio, que influye en la voluntad, y conduce a una completa dependencia de Cristo para la salvación.”

Nótese que la definición no menciona una fe ciega e infundada.  Si no una “confianza total “en el carácter y la palabra de Dios.

Del mismo modo, la esperanza se define como: “Confianza en un acontecimiento futuro; el más alto grado de expectativa bien – fundada del bien”.

Juntas, esas dos cualidades nos llevan a tener confianza en el Amor y el testimonio de Dios [de la perfección y la bondad del hombre].  Y confianza en la verdad del evangelio [tal como lo definen las obras sanadoras de Cristo Jesús].  Esto nos lleva a una confianza total en Cristo para la salvación con el más alto grado de expectativa bien fundada del bien.

Lo que nos lleva al por qué “fe, esperanza y amor” son las ideas principales en esta Lección Bíblica, con el amor mencionado 28 veces.  Al hablar de su trabajo de sanación, Mary Baker Eddy dijo a sus estudiantes:  “Ahora déjenme decirles cómo sanaría instantáneamente: …. No es tanto darse cuenta de la presencia del Amor, ¡sino del amor! Ama lo suficiente, ¡y resucitarás a los muertos! Lo he hecho!” (De: We Knew Mary Baker Eddy,” Vol. 2, Edward E. Norton: P 269)


LECTURA ALTERNADA

 Mientras que el mundo puede creer que los medios materiales son la forma de arreglar, mejorar o manejar el pecado, la enfermedad y la muerte, la Ciencia Cristiana nos vuelve a Dios para la curación por medio de la oración.  La oración no es un medio para informar a Dios acerca de nuestro problema, sino un recordatorio para nosotros mismos de lo que Dios ya sabe y ya ha hecho por nosotros.

La Lectura Alternada (LA) nos da un buen ejemplo de cómo orar.  Un profesor de la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana me dijo una vez que, cuando oramos, debemos comenzar con Dios y no con el problema.  El Salmo 55:16 ilustra esto.

“Por la tarde, por la mañana y al mediodía, oraré y clamaré en voz alta, y él oirá mi voz”.

El salmista se dirigió directamente a Dios.  No se trataba de una fe ciega en que tal vez Dios le escucharía en algún momento en el futuro.  Sino una convicción firme y tranquila en la presencia y el poder eternos de Dios para responder a su necesidad: “oirá mi voz”.

Y luego el salmista aborda su temor “En Dios alabaré su palabra, en Dios he puesto mi confianza; no temeré lo que la carne pueda hacerme”. (RR, Salmo 56:4)

Mary Baker Eddy se hace eco de esto en “Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras”: “Siempre Comienza tu tratamiento apaciguando el temor de los pacientes. Silenciosamente asegúrales de su exención de enfermedad y peligro. Observa el resultado de esta simple regla de la Ciencia Cristiana, y encontrarás que alivia los síntomas de toda enfermedad.” (SH 411:27-28)

El salmista se recuerda a sí mismo cómo Dios lo ha ayudado antes, librando su “alma de la muerte”, por lo que ahora tiene una expectativa, una esperanza, de que Dios seguirá ayudándole -resistiendo la tentación- para que pueda seguir caminando en la “luz de los vivos”. (RR, Salmo 56:13)

El resto de la lectura alternada afirma que somos “todos los hijos de la Luz”, hechos a imagen y semejanza de Dios sin ninguna parte oscura.  No somos mortales caídos destinados a quedarnos en nuestros errores.  Ni el ADN, los falsos rasgos de carácter, la adicción, la moral errores, etc. tienen poder para ocultarnos a nosotros mismos o a los demás nuestra verdadera naturaleza espiritual como hijos amados de Dios.  Pero necesitamos defender nuestra pureza e inocencia poniéndonos nuestra armadura espiritual que incluye “la coraza de la fe y del amor y el casco [de] la esperanza de la salvación.” (RR, 1ª Tes. 5:8)

Además de arrepentirnos, reconocer nuestros errores y replantearnos nuestra verdadera condición de hijos de Dios, necesitamos reformarnos.  En otras palabras, necesitamos actuar de acuerdo con nuestras oraciones expresando nuestras verdaderas cualidades espirituales.  “Mirad que nadie haga mal por mal a ningún hombre, si no seguid siempre lo que es bueno, tanto entre vosotros como para todos los hombres”. (RR, 1ª Tes. 5:15)

Este tratamiento termina en alegría y gratitud.  Afirmando el poder de Dios para “santificarte totalmente y preservarte irreprensiblemente…” (RR, 1ª Tes. 5:23)


SECCIÓN 1 – ¿Dónde está puesta nuestra fe?

Si la esperanza se define como: “el más alto grado de expectativa fundada de bien”; entonces podríamos preguntarnos ¿dónde reside nuestra expectativa de bien?  ¿En la materia – en el testimonio material de los sentidos? – ¿o en el Espíritu?

El salmista sabía dónde estaba anclada su esperanza: en Dios.

“Mi esperanza está en ti”.  (cita B1, Salmo 39:7)

Puesto que Dios hizo todo lo bueno, y es todo bueno, debe tener “Muy limpio eres de ojos para ver el mal…” puesto que nunca lo hizo. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.  (cit. B2, Habacuc 1:13) Por lo tanto, el hombre es completamente bueno y refleja de forma natural todas las hermosas cualidades de Dios: su verdadera naturaleza, o los frutos del Espíritu.  (cit. B3, Gálatas 5:22,23), (cita S1, SH 503:28)

Del mismo modo, el pecado, la enfermedad y la muerte no son “frutos de la Vida”.  Si no que son “inarmonías que la Verdad destruye”.  El sentido material, como una nube que oculta el sol, trata en vano de ocultar la verdadera naturaleza y carácter del hombre. Pero “la creencia falsa silencia por un tiempo la voz de la armonía inmutable, pero la creencia falsa no puede destruir la Ciencia armada de fe, esperanza y realización”. (cit. S3, 298:2)

Si bien necesitamos defender nuestra pureza e inocencia, también debemos ser conscientes cuándo hemos perdido la marca del comportamiento moral.

El tiro con arco define la palabra, pecado, como cuando alguien ha errado su objetivo.  La buena noticia es que todo lo que tienen que hacer es recoger su flecha y seguir entrenando para perfeccionar su puntería.  Esto nos da esperanza.  No importa cuántas veces hayamos fallado o estropeado es nuestro derecho divino arrepentirnos y reformarnos.

 “Nunca necesitamos desesperar por un corazón honesto; pero hay poca esperanza para aquellos que se enfrentan solo espasmódicamente cara a cara con su maldad y luego buscan   ocultarla. … Deberíamos examinarnos a nosotros mismos para saber cuáles son los afectos y propósitos del corazón, porque solo de este modo podemos saber lo que honestamente somos.” (SH 8:3-6, 28-30)


SECCIÓN 2 – Fe en que Dios satisface toda necesidad humana

 Cuando el salmista contempló el rostro de Dios en justicia, naturalmente vio su propia perfección como hijo de Dios, incluyendo todas las ideas correctas, y quedó satisfecho.  Esto no dejaba espacio para el deseo la necesidad o la carencia.  Una definición de satisfacer es “suministrar plenamente lo que es necesario y exigido por las leyes naturales”. O elevando esto más alto podemos decir leyes espirituales.

“Veré tu rostro en justicia: estaré satisfecho [suplir plenamente lo necesario y exigido por la ley espiritual], cuando despierte a tu semejanza”.  (cit. B4, Salmo 17:15) Volverse al Espíritu en lugar de a las formas y medios materiales, trae consigo la alegría y la confianza de que Dios satisfará toda necesidad humana.

Mary Baker Eddy nos dice: “El Alma tiene recursos infinitos con que bendecir a la humanidad, y la felicidad se lograría más fácilmente y estaría más segura en nuestro poder, si se buscara en el Alma. Solo los goces más elevados pueden satisfacer los anhelos del hombre inmortal. No podemos circunscribir la felicidad a de los límites del sentido personal. Los sentidos no confieren ningún goce verdadero”. (SH 60:29)

En Hebreos, Pablo da una lista de varios profetas, jueces y líderes espirituales que tenían una fe absoluta en la ley de provisión de Dios para satisfacer su necesidad frente circunstancias extremas.  Su fe “Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Y en cada caso, sus necesidades fueron satisfechas.  Ya sea protección contra desastres naturales o peligros personales, búsqueda de salud o enfrentar enemigos. (cit. B6, hebreos 11:1, 3, 5, 7, 11, 30, 32-25)

En consecuencia, Pablo nos aconseja que abandonemos cualquier peso material [voluntad propia, amor propio, autojustificación] que nos impida escuchar y seguir la dirección de Dios.  Al hacerlo, encontraremos, como esos líderes espirituales, que Dios “sostiene al hombre bajo todas las circunstancias”.  Este tipo de fe se basa en una comprensión de Dios, el Principio divino, en oposición a una “fe general en los medios materiales”. (cit. S6, 319:7)

A medida que nuestra fe se ancle en la comprensión espiritual, nos sentiremos menos intimidados por las falsas creencias del pecado, la enfermedad y la muerte, y las veremos como ilusiones.  Llenar nuestro pensamiento con los hechos divinos del ser nos traerá un “claro sentido y calma confianza de que el reconocimiento de la vida armoniosa – como la Vida eternamente es – puede destruir cualquier sentido doloroso o cualquier creencia acerca de aquello que no es la Vida. Deja que la Ciencia Cristiana, en vez del sentido corporal, apoye tu comprensión del ser, y esta comprensión sustituirá el error por la Verdad, reemplazará la mortalidad con la inmortalidad, y silenciará la discordancia con la armonía.”  (cit. S9, 495:14)

Dios fue capaz de satisfacer todas las necesidades humanas,

“Esta convicción de que no hay placer verdadero en el pecado, es uno de los puntos más importantes en la teología de la Ciencia Cristiana. Despierta al pecador a este nuevo y verdadero punto de vista acerca del pecado, muéstrale que el pecado no confiere ningún placer, y este conocimiento fortalece su valor moral y aumenta su capacidad para dominar el mal y amar el bien.” (SH 404:19)

Esta sección concluye con un párrafo que muestra cómo lidiar con la tentación de creer que la ilusión de la enfermedad o el pecado es real: “Cuando la ilusión de enfermedad o el pecado te tiente, aférrate firmemente a Dios y Su idea. No permitas que nada sino Su semejanza more en tu pensamiento. No dejes que ni el temor ni la duda ensombrezcan tu claro sentido y calma confianza, de que el reconocimiento de la vida armoniosa – como la Vida es eternamente – puede destruir cualquier sentido doloroso o cualquier creencia acerca de aquello que no es la Vida. Deja que la Ciencia Cristiana, en vez del sentido corporal, apoye tu comprensión del ser, y esta comprensión sustituirá el error por la Verdad, reemplazará la mortalidad con la inmortalidad, y silenciará la discordancia con la armonía.” (cit. S9, 495:14)


SECCIÓN 3 – Permanece fiel a Dios

Pablo no se hacía ilusiones de que todos nos enfrentaríamos a la tentación.  Ciencia y Salud nos dice: “Puesto que Jesús debe haber sido tentado en todo, él, el inmaculado, enfrentó y venció al pecado en toda su forma. (SH 564:14-16) Y nos mostró cómo hacerlo.

Al igual que en la lectura alternada, Pablo nos aconseja nuevamente que seamos sobrios y defendamos nuestra pureza con la coraza de la fe y el amor y el yelmo de la salvación.  Dado que esto se menciona dos veces, subraya la necesidad de vigilar nuestra manera de pensar y de “sé el portero a la puerta del pensamiento. Admitiendo solo las conclusiones que deseas que se realicen en resultados corporales, te controlarás armoniosamente a ti mismo”. (SH 392:24)

Estar sobrio se define como: “Normal; tranquilo; no bajo la influencia de la pasión; No intoxicado o dominado por licores espirituosos”; o podemos añadir atraído por falsas creencias de placer en la materia.

Pablo nos dice además que “no os conforméis a este siglo, si no transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (cit. B10, Romanos 12:2)

Continuando con este tema, EL Mensaje interpreta otro de los mensajes de Pablo a los romanos de esta manera.  “Mientras hacías lo que te apetecía, ignorando a Dios, no tenías que preocuparte por vivir correctamente, o por nada.  Pero ¿llamas a eso una vida libre?

¿Qué lograste con ello?  Nada de lo que estés orgulloso ahora.  ¿Adónde te llevó? A un callejón sin salida…

Pero ahora que has descubierto que no tienes que escuchar el pecado para decirte que hacer, y has descubierto el deleite de escuchar a Dios decirte, ¡qué sorpresa!  ¡Una vida entera, sanada, y reparada en este momento, con más y más vida en el camino!”. (cit. B11, Romanos 6:13, 14)

Si nuestro progreso parece lento para despojarnos del “viejo hombre” o del sentido material de las cosas, ten paciencia.” Espera pacientemente a que el Amor divino se mueva sobre fas de las aguas de la mente mortal, y forme el concepto perfecto”. La paciencia debe “tener su obra completa”. (cit. S12, 354:17)

A un conocido mío no le gustaba la palabra paciencia.  Para ellos, paciencia significaba que la bondad se retrasaría.  ¡Y no querían eso!  Pero en realidad la paciencia es esperar o servir a Dios con Amor -ser fiel – para buscar en Dios lo que siempre necesitamos.  Cuando lo hacemos, el Amor nos eleva más alto para ver que nuestras necesidades ya han sido satisfechas.  A medida que trabajamos en nuestra salvación, descubrimos que nuestra verdadera naturaleza es perfecta e intacta y que estamos trabajando desde la no perfección hasta la perfección. (cit. S13, 76:22-26)


SECCIÓN 4 – La Fe sana al verdadero hombre

Ya que Dios no ve la corrupción, ¡nosotros también reflejamos el poder de ver su creación perfecta! La historia de Jesús sanando al hombre del paralítico es un buen ejemplo.  La escena tiene lugar en una casa llena de gente ansiosa por ver y ser sanado por Jesús.  Los eruditos creen que podría haber sido la casa de Pedro en Capernaúm.

Cuando el paralítico y sus amigos llegan, no hay forma de entrar en la casa.  Pero eso no les detiene.  Suben al tejado, quitan las tejas y bajan al hombre junto a Jesús.

En lugar de comentar su grosero comportamiento, Jesús “vio su fe”.  Sin conocer los detalles del caso, Jesús dice: “Hombre, tus pecados te son perdonados”. Esto molesta a los escribas y a los judíos fariseos porque creían que solo Dios podía perdonar los pecados.  ¿Por qué Jesús se promocionaba a sí mismo como alguien que podía perdonar pecados?  Leyendo sus pensamientos, Jesús dijo: “¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico), a ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.”… (cit. B14, Lucas 5: 22-25)

Esta historia se centra en el perdón de los pecados.  No sabemos cómo era la vida de este hombre antes de su curación. Pero la devoción de sus amigos nos da una pista.  Es evidente que lo consideraban digno de ser curado y que fueron más allá de su deber para llevarlo a Jesús.  Quizá tuvieron que perdonar sus errores pasados y aceptar su deseo de reformarse.   Por eso, no dudaron en hacer todo lo posible para ayudarle a encontrar la libertad.

La fe del amigo contrasta con la estrechez y la hipocresía de los escribas y fariseos.  Mientras Jesús perdona fácilmente al hombre, los escribas y fariseos están cegados por un falso sentido de la ley y argumentan que “solo Dios puede perdonar los pecados”.  Su falta de compasión revela su falta de fe en el Amor divino para sanar.  Siguen viendo al hombre como un pecador cuya libertad es condicional.

“Hoy, como antaño, inconsciente de la idea espiritual, la creencia ciega le cierra la puerta, y condena la curación de los enfermos y de los pecadores si se efectúa por medio de cualquier teoría que no sea material y doctrinal.” (cit. S14, 132:16-24)

Esta historia me llego al corazón.  Me hizo reflexionar si estoy juzgando y condenando a aquellos indignos de perdón debido a su propia elección, amor propio o a su autojustificación.  ¿O, como los amigos del paralítico, estoy dispuesto a perdonar y apoyar a mi familia, amigos y comunidad en su esfuerzo por obtener la libertad viendo su inocencia y pureza innata?

Mary Baker Eddy nos asegura que el esfuerzo correcto [es] posible y será bendecido. “Si crees en el mal y lo practicas a sabiendas, puedes inmediatamente cambiar tu proceder y obrar bien. La materia no puede presentar ninguna oposición a los esfuerzos correctos contra el pecado o la enfermedad, porque la materia es inerte, sin mente. Así también, si crees que estás enfermo, puedes alterar esta creencia y acción erróneas sin impedimento de parte del cuerpo.”  (cit. S18, 253:9-24)

Uno de los principios o puntos importantes de la Ciencia Cristiana es el siguiente: Reconocemos el perdón del pecado por Dios en la destrucción del pecado y en la comprensión espiritual que echa fuera el mal como irreal. Pero la creencia en el pecado es castigada mientras dura la creencia. (SH 496:31-2 (a :); 497:9)


SECCIÓN 5 – El servicio fiel no te penaliza

Jesús vino a mostrarnos no solo que Dios es Amor, sino también que podemos experimentar la Vida eterna como la expresión de Dios.  Jesús nos lo mostró: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor:” (cit. B15, 1ª Juan 4:18)

Superó la mentira de que “la muerte ha sido ocasionada por un susto”. El temor jamás detuvo el ser y su acción. La sangre, el corazón, los pulmones, cerebro, etc. no tienen nada que ver con la Vida, Dios. Todas las funciones del hombre verdadero están gobernadas por la Mente divina. La mente humana no tiene poder para matar o curar, y no tiene control sobre el hombre de Dios”. (SH 151:17-23)

Después de la resurrección y ascensión de Jesús, sus discípulos también pudieron resucitar a los muertos.  En el caso de Pedro, resucitó a Tabita, una fiel seguidora.  Quizá sus amigos se preguntaban por qué había tenido que morir.  ¿Dónde estaba Dios cuando ella lo necesitaba?  Si ella servía fielmente a Dios y esto sucedió, ¿qué significaría esto para ellos?

Quizá Pedro tuvo que enfrentarse a su propio temor de que ser un seguidor fiel pudiera exponerlos a un posible peligro.  Pero ¿los fieles seguidores de Dios son penalizados alguna vez? No. Están a salvo en el Reino de los Cielos y son bendecidos.  Pedro tuvo que aprender esto también después de negar a Jesús tres veces por miedo a ser encarcelado con él.  Necesitaba confiar y tener fe en el amor de Dios por él para mantenerse a salvo.  Y lo demostró más tarde, cuando de hecho fue encarcelado varias veces.  En ese momento, supo que, estuviera donde estuviera o hiciera lo que hiciera, Dios estaría con él.

Tal vez nosotros también tengamos que enfrentarnos a esta superstición.  Puede ser sutil.  ¿Nos hemos negado a servir a la iglesia de alguna manera por miedo a sufrir algún daño?  O, incluso, ¿nos hemos abstenido de tener una vida plena porque vivir una vida fiel y centrada en Dios es demasiado difícil?  Servir y hacer de Dios una prioridad en nuestra vida, no nos castiga, sino que nos bendice.

Mary Baker Eddy nos asegura que “nuestros pensadores no mueren prematuramente por desempeñar fielmente las funciones naturales del ser. Quien hace el mayor bien no es el que sufre el castigo más severo. Al adherirse a las realidades de la existencia eterna – en lugar de leer disertaciones sobre la incoherente suposición de que la muerte viene en obediencia a la ley de la vida, y que Dios castiga al hombre por hacer el bien – uno no puede sufrir como resultado de cualquier obra de amor, sino que se fortalece a causa de ella. Es una ley de la así llamada mente mortal, mal denominada materia, la que causa todo lo discordante”. (cit. S21, 387:13-14, 18)


SECCIÓN 6 – El Reino de los Cielos descarta todo pecado, enfermedad y muerte

La última sección vuelve a la pregunta original: ¿Son reales el pecado, la enfermedad y la muerte? Lucas nos dice que “he aquí el reino de Dios está entre vosotros”. (cit. B19, Lucas 17:21) En este Reino no existe la ley del pecado, la enfermedad y la muerte.

A medida que nos esforcemos por dejar que el Reino de los Cielos reine dentro de nosotros, veremos que “el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta que finalmente desaparezcan.”  (cit. S27, 248:29)

La “Oración diaria” del Manual de La Iglesia Madre nos recuerda que “será deber de cada miembro de esta Iglesia orar diariamente: “Venga tu reino”; haz que el reino de la verdad, la vida y el amor divinos se establezca en mí, y quita de mi todo pecado; ¡Y que Tu Palabra fecunde los afectos de toda la humanidad, y los gobierne! (Manual de La Iglesia Madre, 41:19)


La primera colección de GEMs de ideas de aplicación BIBLIA-BASADA (de Cobbey Crisler y otros) se enviará por correo electrónico el lunes y la segunda caché se enviará por correo electrónico más adelante en la semana.  Siempre puedes consultar las contribuciones GEM en curso antes de esa fecha en el sitio web CedarS INSPIRATION website, tanto si te has SUBSCRIBED here for this free, inspirational offering.

También esta semana, busque el “postludio poético” de Ken Cooper

“POSTLUDIO POÉTICO” DE KEN COOPER

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