Join us for the best summer yet!

¡SIMPLEMENTE, SER LA EFUSIÓN SIN ESFUERZO DEL AMOR!
Ideas de aplicaciones metafísicas para la Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana sobre

“El hombre”
del 29 de agosto al 4 de septiembre de 2022

por Christie C. Hanzlik, CS en Boulder, CO
ccern@mac.com • 720-331-9356 • christiecs.com

traducción libre de P.Kelly con autorización de W.Huff

 

INTRODUCCIÓN

Dios no es una persona con un cuerpo. No importa cuántas veces declaremos esta verdad, todavía es tentador pensar en Dios como una persona. La gente parece querer encajar a Dios en una forma corpórea (un cuerpo con un contorno que está en un lugar) con el cual podamos entendernos y relacionarnos. Pero esta comprensión reduccionista de Dios está equivocada. Es problemática porque nos hace limitar lo que Dios es. Y es problemática porque limita nuestra comprensión de lo que nosotros somos, lo que “el hombre” es. (Ten en cuenta que, en el contexto de la Lección Bíblica “el hombre”, esta palabra no tiene la intención de ser un término de género). La Lección de esta semana sobre “el hombre” amplía las formas en que podemos pensar en “el hombre”, lo que, a su vez, nos permite concebir a Dios de manera más expansiva y precisa.

 

Si estuviéramos en un museo admirando una hermosa obra de arte, no pensaríamos que el arte es el artista. Tampoco nos preguntaríamos si el artista se parece a la obra artística, o si está dentro de la obra de arte ni tampoco confundiríamos la obra de arte con el artista. En cambio, sabemos que la obra de arte es un reflejo del talento del artista. El arte no es el artista. La obra de arte es un reflejo del artista; la imagen y semejanza concebida por el artista. El artista concibió el arte y lo dio a luz. De este modo, el arte es la efusión, el retoño, el hijo del artista. Pero, ¿limitaríamos al artista mirando el arte y diciendo que el artista debe parecerse al arte? No. El arte es el reflejo –la expresión y manifestación del pensamiento– del artista.

 

Claramente, estoy trazando una analogía entre el arte y el artista, y la relación del hombre con Dios. Al relacionar estas ideas con la Lección Bíblica de esta semana sobre el “El hombre”, podemos ver que el hombre es el reflejo de la Mente divina de la misma manera que el arte refleja al artista. No pensamos que el hombre — el reflejo de la Mente divina — sea realmente la Mente divina, ni nos preguntamos si la Mente divina está contenida de alguna manera dentro del hombre. Y no miramos lo que vemos como hombre y luego tratamos de averiguar cómo es la Mente divina. Para entender más sobre el hombre, así como cuando queremos aprender más sobre obras de arte, miramos a la Mente divina. En otras palabras, cuanto más busquemos comprender la Mente divina como la fuente de toda inspiración y expresión, mejor podremos comprender al hombre… a nosotros.

 

Hay límites a la analogía del artista y la obra de arte como siendo semejantes a Dios y el hombre. Por un lado, un artista sigue siendo una persona que puede alejarse de una obra de arte, por lo que no nos hemos alejado de un erróneo concepto antropomórfico. De hecho, cada analogía de los conceptos espirituales es inherentemente limitada porque estamos tomando conceptos infinitos y poniéndolos en símbolos limitados. Y, sin embargo, las analogías y los símbolos son necesarios para ayudarnos a comprender, poco a poco, la naturaleza ilimitada e infinita de Dios. En otras palabras, parece que necesitamos de muchas analogías diferentes — formas de concebir –- a Dios y el hombre para liberarnos de una visión limitada. Afortunadamente para nosotros, la Lección Bíblica de esta semana sobre “El hombre” hace justamente eso… ofrece múltiples formas de expandir nuestra concepción de la relación entre Dios y el hombre.

TEXTO ÁUREO y LECTURA ALTERNADA

El Texto Áureo, o idea principal, de la Lección Bíblica, introduce la idea de que somos los “hijos” de Dios”. (TA, Deuteronomio 14:1) Esta idea establece el hecho de que pertenecemos a Dios, derivamos de Dios y no podemos estar separados de Dios. Como un niño está ligado a sus padres, nosotros estamos ligados a Dios.

 

La analogía de ser el hijo de Dios significa más que una comparación con un niño humano que finalmente se separa de sus padres y finalmente se va de casa y se va a vivir solo. No. Esa sería una forma limitada de concebir la analogía padre-hijo para el hombre-Dios. En cambio, podemos pensar en el niño (el hombre) que pertenece y es el derramamiento [o afluencia o efusión] de Dios.

 

La Lectura Alternada contiene muchas declaraciones acerca de la relación hijo-padre del hombre y Dios. Nos recuerda que podemos entendernos mejor a nosotros mismos como hijos de Dios cuando estudiamos las palabras y las obras de Cristo Jesús. Como leemos en Gálatas: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

 

En tiempos bíblicos, el orden de nacimiento era importante para establecer la jerarquía y la importancia de un niño y de cómo el niño heredaría de los padres. Si aplicáramos esta ley humana de herencia a Dios y al hombre, implicaría que solo ciertas personas serían dignas de la bendición total de Dios y que otras quedarían fuera. Esta forma excluyente de pensar en Dios como el Padre de un grupo particular de personas era común en todo el Antiguo Testamento. La enseñanza de Cristo Jesús anuló esta falacia y estableció que todos somos coherederos con Cristo — la verdadera comprensión del consuelo universal del Amor infinito. En otras palabras, todos tenemos acceso ilimitado al consuelo de Cristo, la verdadera comprensión del Amor divino.

 

La “Bible Lens Research” del Christian Science Sentinel explica que en Gálatas, “el apóstol Pablo está comparando a los cristianos con niños, que necesitan supervisión e instrucción hasta que alcanzan la madurez. En esta metáfora, la ley judía es el guardián o tutor; la acción redentora de Cristo es la herencia”.

https://sentinel.christianscience.com/columns/bible-lens ) En otras palabras, así como podemos estar alertas para no pensar en Dios como una persona, podemos estar igualmente alertas para no pensar en Cristo como una persona. Cristo es más que una mera persona. Cristo es la actividad y la conciencia de la omnipresencia y omnipotencia del Amor divino, que fue mejor comprendida, encarnada, ejemplificada y demostrada por Cristo Jesús. (cita C3, 482:19–22)

Cristo Jesús ayudó al mundo a comprender que no hay jerarquía en el Amor divino, y que todos somos dignos de la plena, completa atención de la Mente divina. El Amor Infinito no se queda sin amor por cada hijo, por cada uno de nosotros. Y no hay bendiciones limitadas del Espíritu ilimitado e infinito. Cuando queremos sentir más nuestra conexión con el Amor divino, podemos enfocarnos en nosotros mismos como los hijos de Dios — la fuente de bendición ilimitada e infinita. No querríamos confundir esto con pensar en Dios como un padre humano que parece tener un afecto limitado y un tiempo limitado. No, nosotros pertenecemos a Dios, el Amor infinito, que tiene la ternura, la inspiración, la fuerza y ​​la capacidad infinita de saber y bendecir e inspirar a cada uno de nosotros en la forma en que lo necesitamos, incluso antes de que sepamos que lo necesitamos, tal como Cristo Jesús lo demostró. (LA, Gálatas 3:26, 29; 4:1, 2, 4–7;

Más información sobre la corrección de Mary Baker Eddy al error de pensar en Dios como una persona, puedes encontrarlo en Rudimentos de la Ciencia Divina, págs. 1:10; 2:8–24)

SECCIÓN 1: La relación de unidad

La Sección 1 explora más aún la analogía padre-hijo para Dios y el hombre, y nombra a Dios como Padre-Madre de toda la creación, incluidos nosotros. Dos cosas que mantengo en mente mientras leo esta sección son…

 

1) Cuando pienso en Dios como Padre-Madre, necesito estar muy alerta a la tendencia de pensar en Dios como una persona… “Padre-Madre” no significa una persona, significa una fuente amorosa y todopoderosa de toda existencia.

 

2) Parece que no todos tienen una relación positiva con sus padres humanos, ni siquiera que todos conocen a sus padres humanos, por lo cual es extremadamente importante al describir a Dios como Padre-Madre que yo no busque ejemplos humanos de crianza para saber cómo es Dios, sino que debo buscar un sentido perfecto y que lo abarque todo, de un Padre-Madre incorpóreo y que debo esforzarme por entender al Padre perfecto como sinónimo del Amor omnipresente.

 

Estos dos puntos sirven como recordatorios para no comenzar con un modelo humano para razonar lo que Dios es… pues esto llevaría a un sentido limitado y corpóreo de Dios. Más bien, podemos comenzar con una comprensión ampliada de Dios para razonar qué es el hombre. “En la Ciencia divina”, explica Mary Baker Eddy, “Dios y el hombre verdadero son inseparables como Principio divino e idea”. (cita C2, 476:3) Entonces, cuando conocemos a Dios como Principio divino, podemos razonar que el hombre es la idea –la descendencia, el hijo — del Principio divino. El Principio Divino incluye bondad, armonía y luz.

 

Dios es la fuente ilimitada de toda bondad, armonía y luz. Y nosotros somos esta bondad, armonía y luz.

 

Mary Baker Eddy describe a Dios como “Padre-Madre” para indicar la “tierna relación” de Dios con nosotros. Nuestra relación con Dios no es como una relación con una fuerza física fría y sin sentimientos como por ejemplo la gravedad. En cambio, es una relación tierna.

 

Y, sin embargo, es importante recordar que en la relación entre Dios y el hombre no se trata de dos entidades separadas que tienen una relación entre sí. El hombre es la entidad de Dios. El hombre es la expresión, la idea, del Principio divino. No hay separación entre Dios y el hombre, así como no hay separación entre el sol y sus rayos, el Principio y su idea. El hombre es el reflejo de Dios, lo que significa que el hombre es la efusión de Dios, así como la obra de arte es la efusión del artista, o un rayo es la efusión del sol.

 

Como afirma Mary Baker Eddy, hombre es “el término genérico para todo lo que refleja la imagen y semejanza de Dios; la consciente identidad del ser tal se encuentra en la Ciencia, en la cual el hombre es el reflejo de Dios, o la Mente, y por tanto es eterno; lo que no tiene mente separada de Dios; lo que no tiene ni una sola cualidad que no derive de la Deidad; lo que no posee ninguna vida, inteligencia, ni poder creativo propios, sino que refleja espiritualmente todo lo que pertenece a su Hacedor.” (cita C5, 475:7)

 

Así como las grandes obras de arte reflejan el talento del artista, el hombre refleja la grandeza de Dios. Como dice Mary Baker Eddy, “[el Amor Divino] modela todas las cosas conforme a Su semejanza [la del Amor]. La Vida es reflejada en la existencia, la Verdad en la veracidad, Dios en la bondad, las cuales imparten su propia paz y permanencia….El hombre y la mujer, coexistentes y eternos con Dios, reflejan para siempre, en cualidad glorificada, al infinito Padre-Madre Dios”. (cita C6, 516:8–11, 19-21) Nuevamente, la frase Padre-Madre Dios nos ayuda a entender la tierna relación entre Dios y nosotros, pero no se está refiriendo a dos entidades separadas. El hombre es la entidad, el reflejo de Dios. Esta es la relación de unidad.

SECCIÓN 2: La creación es una unidad sin comienzo, jamás fueron dos

A medida que llegamos a comprender la unidad de Dios y el hombre, vemos que Dios y el hombre no son dos entidades separadas, sino que el hombre es el derramamiento, la efusión, el reflejo del Principio divino. La unidad de Dios y el hombre cambia fundamentalmente la forma en que pensamos acerca de la creación. Si pensamos en Dios y el hombre como entidades separadas y desconectadas, sería tentador pensar en un dios que existe en un vacío y luego chasquea los dedos para crear al hombre de la nada. No. Nunca hubo un momento como éste. Nunca hubo un momento en el cual Dios existía, pero el hombre no existía. Nunca hubo un punto de partida para el hombre. El hombre, la efusión de Dios, siempre ha existido porque Dios siempre ha existido. Dios es, por definición, aquello que no tiene un punto de partida.

 

Nunca hubo un punto de partida para el hombre. El Espíritu Divino siempre ha existido y, por lo tanto, el derramamiento, la efusión, la descendencia del Espíritu siempre ha existido. Aquí hay una sustitución creativa de palabras para aclarar este punto usando la declaración de Mary Baker Eddy sobre nuestro origen espiritual: “En la Ciencia [nosotros somos] linaje del Espíritu. Lo bello, lo bueno y lo puro constituyen [nuestra] ascendencia. [Nuestro] origen no está, como el de los mortales [una palabra para un ser que tiene un punto de partida] ni [pasamos] por condiciones [limitadas] antes de alcanzar la inteligencia. El Espíritu es [nuestra] fuente primitiva y última del ser; Dios es [nuestro] Padre [como una fuente, pero no una persona], y la Vida es la ley de [nuestro] ser”. (cita C7, 63:4)

 

La segunda sección conecta la idea de la creación con el tema del reflejar, describiendo el reflejar — la efusión o derramamiento — del Espíritu. Así como el gran arte es el reflejo de un gran artista, el hombre inspirado es el reflejo del Espíritu infinito. Como escribe Mary Baker Eddy, “La identidad es el reflejo del Espíritu, el reflejo en formas múltiples y variadas del Principio viviente, el Amor. El Alma es la sustancia, la Vida y la inteligencia del hombre, que está individualizada, pero no en la materia. El Alma jamás puede reflejar nada inferior al Espíritu.” (cita C9, 477:20)

 

Es crucial que no pensemos en el reflejar como una connotación de dualidad, como un hombre que se mira en un espejo y ve una imagen separada de sí mismo. En la Ciencia divina, el reflejar trata de la unidad. Como escribe Mary Baker Eddy: “En la medida en que la declaración científica acerca del hombre es comprendida, puede ser comprobada y sacará a luz el verdadero reflejo de Dios: el hombre verdadero, o el nuevo hombre (como lo expresa San Pablo).” (cita C11, 300:9) Entonces, de nuevo, en la Ciencia divina, en el reflejar se trata acerca de la unidad.

SECCIÓN 3: Los pollos de Chet y la tierna relación entre Dios y el hombre

La sección 3 usa la parábola de Cristo Jesús sobre el hijo pródigo que regresa al padre que perdona, para ilustrar la tierna relación entre Dios y el hombre. Y también incluye la parte sobre el hermano mayor molesto por el padre (Dios) otorgando regalos al hijo menor, que había sido tan derrochador y pecador, cuando el hermano mayor había sido tan fiel todo el tiempo y no obtuvo nada. (cita B10, Lucas 15:1-31)

 

La ”Bible Lens Research” en el CS Sentinel explica: “Los eruditos ven al hijo mayor como un símbolo de los fariseos – llenos de justicia propia, orgullosos y reacios a dar la bienvenida a un transgresor arrepentido. Independientemente de esta actitud, su padre se dirige a él como “hijo”, asegurándole su estatus ininterrumpido en la familia. Un experto en la Biblia sugiere: ‘Si el arrepentimiento para el hijo pródigo significa aprender a decir ‘Padre’ nuevamente, entonces para el hijo mayor significa aprender a decir ‘hermano’ nuevamente’. … Otra fuente observa: “La parábola es abierta: no registra la respuesta del hermano mayor. Los líderes religiosos aún tenían la oportunidad de responder a la oferta de Jesús del Reino”.

Nunca antes había notado que Cristo Jesús dejó la parábola abierta… nunca nos enteramos de lo que el hijo mayor decide hacer. No sabemos si el hermano mayor continúa molesto o si le da la bienvenida a su hermano a la casa. Esta pregunta abierta me lleva a orar por la “tendencia del hermano mayor” que parece tentarnos a cada uno de nosotros. Se me ocurre que superamos la “tendencia del hermano mayor” para toda la humanidad cuando nos damos cuenta de que el Amor divino es infinito… y tiene recursos infinitos y que cada uno de nosotros no puede evitar escuchar el mensaje de Cristo que nos hace conscientes de nuestra fuente infinita de bondad.

 

Esto me recuerda una historia que escuché de Chet Manchester, CSB. Años atrás, Chet y su esposa Anne comenzaron a criar pollos en su propiedad en Nueva York. Chet salió un día a alimentar a las gallinas con una enorme bolsa de alimentos y se sorprendió al ver cómo las gallinas peleaban entre sí para conseguir la comida. Se encontró diciéndose a sí mismo: “Tontas gallinas, si supieran cuánta comida tengo para darles y cuán dispuesto estoy a dársela toda, no pelearían entre ustedes”. Este mensaje, por supuesto, es uno que todos nosotros podemos digerir. Si entendiéramos que nuestro Padre divino, el Amor infinito, tiene recursos infinitos y una ilimitada bolsa de metafórica e ilimitada comida, no nos compararíamos ni criticaríamos ni discutiríamos unos con otros. No nos estresaríamos por obtener suficiente afecto. Esta lección de las gallinas de Chet nos puede ayudar a darnos cuenta de que todos somos dignos de amor, y todos tenemos una fuente ilimitada de amor abiertamente dispuesta a darnos tanto como precisemos.

 

Los pollos de Chet nos brindan muchas lecciones. Como Mary Baker Eddy pregunta retóricamente: “¿Suplicaremos por más junto a la fuente abierta [también conocida como alimento ilimitado para pollos], que está vertiendo más de lo que aceptamos? El deseo inexpresado si nos acerca más al origen de toda la existencia y bienaventuranza [la fuente de toda la comida para pollos]”. (cita C15, 2:25)

 

Ella continúa: “Por medio del arrepentimiento, el bautismo espiritual y la regeneración, [las tontas gallinas] se despojan de sus creencias [limitadas] y de su falsa individualidad [que les hace pensar que tienen que luchar por todo lo que obtienen].

 

En paciente obediencia a un [proveedor de bendiciones infinitas] paciente, laboremos por disolver con el solvente universal del Amor el adamante del error – la voluntad propia, la justificación propia y el amor propio – que lucha contra la espiritualidad y es [lo que parece hacernos sentir separados y asustados]”. (cita 16, 242:1–4, 16, se agregaron 15 frases entre paréntesis)

 

Espero que puedas perdonar mi cursilería al mezclar la metáfora del pollo con los escritos de Mary Baker Eddy. En mi experiencia, escuchar escritos familiares en manera sorprendente o llamativa, a menudo despierta el pensamiento y conduce a la curación y al despertar, además de ser divertido.

 

A medida que entendemos más acerca de nuestra fuente infinita de bondad, descubrimos más y más paz y satisfacción. No estamos separados de la provisión, ni separados de la fuente de toda bondad. La historia del hijo pródigo nos ayuda a comprender la tierna relación entre Dios y el hombre, que Dios está siempre perdonando y siempre nos da la bienvenida a casa.

 

Y sin embargo, debemos recordar que, en verdad, nunca estamos separados de Dios, nunca separados del Padre. En realidad, no podemos deambular afuera de la Mente siempre presente y omnisciente. En realidad, no podemos alejarnos de la presencia de Dios ni por un solo momento porque Dios, el Amor infinito, está siempre presente. El hombre es la entidad de Dios, la expresión misma y la efusión de Dios. Como dice Mary Baker Eddy. “Admitir para uno mismo que el hombre es la propia semejanza de Dios, libera al hombre para dominar la idea infinita.” (cita C18, 90:23-25)

SECCIÓN 4: El Amor es universal y no deja a nadie fuera

La cuarta sección amplía aún más nuestra comprensión de la tierna relación entre Dios y el hombre. La sección incluye la historia de la mujer de Canaán, que no era de ascendencia judía, y que le pidió ayuda a Cristo Jesús. Como la investigación de Bible Lens de CS Sentinel explica: “Como gentil [pagana], la mujer cananea habría sido despreciada entre los judíos. Sin embargo, ella apela a Jesús como el Mesías hebreo, llamándolo hijo de David. Su persistencia y humildad lo impulsan a él a alabar su gran fe, un elogio registrado solo en otra ocasión, cuando sanó al siervo del centurión (ver Mateo 8:10)”. (cit. B12, Mateo 15:21–31) La compasión de Cristo Jesús por esta mujer nos ayuda a comprender su mensaje de que nadie está excluido del consuelo del Amor divino, un consuelo que todo lo abarca. El Amor Divino corrige y gobierna a todo hombre, no solo a unos pocos elegidos. Esta mujer no fue excluida. Nadie está excluido. Como dice Mary Baker Eddy, “El Amor es imparcial y universal en su adaptación y en sus concesiones. Es la fuente abierta que exclama: ‘¡A todos los sedientos: Venid a las aguas!’” (cita C19, 13:2)

Este verano en el campamento, un consejero dio un testimonio que incluía nueva inspiración sobre la palabra “universal”. Su fresco amor por la universalidad de los dones del Amor divino me inspiró también a mí a sintonizarme más con la palabra. Nada puede limitar el alcance del Amor divino. Nadie está fuera del reino de la Mente infinita y que todo lo abarca.

 

Cuando comenzamos nuestra oración enfocándonos en la infinitud y omnipresencia y universalidad del Amor, en lugar de en una persona o en un problema personal, entonces rápidamente descubrimos que nada puede existir fuera de esta infinitud y omnipresencia. Como explica Mary Baker Eddy: “La comprensión a la manera de Cristo del ser científico y de la curación divina incluye un Principio perfecto e idea perfecta —Dios perfecto y hombre perfecto— como base del pensamiento y la demostración”. (cita C23, 259:12)

SECCIÓN 5: El Amor divino corrige y gobierna al hombre (CS 6: 4)

La sección 5 aborda la pregunta: ¿qué tipo de hijo quiere nuestro Progenitor divino? Si comenzamos a responder esta pregunta desde una visión limitada del hombre, probablemente comenzaríamos a juzgar y a evaluar quién es lo suficientemente bueno, quién no sería aceptable y qué problemas necesitaríamos corregir en nosotros mismos para ser aceptables para el Padre divino, Dios. Esto conduciría a todo tipo de juicios, confusión e insatisfacción.

 

Pero cuando comenzamos desde el punto de vista del Padre perfecto, el Amor que todo lo sabe y que está siempre presente, que es la fuente de nuestro ser, parecería ridículo que el hijo de este Padre pudiera ser algo menos que bueno. “Por [el Amor divino] son ordenados los pasos del hombre, y [el Amor divino] él aprueba su camino.”. (cita B15, Salmo 37:23, palabras entre paréntesis añadidas)

 

En la Ciencia, somos la expresión, la efusión del Amor divino, que dirige la forma en que brillamos, y damos, y bendecimos. Estamos gobernados por el Amor divino. “El Amor Divino corrige y gobierna al hombre.” (CS 6: 4) A medida que tengamos la humildad para ceder a la autoridad y el consuelo del Amor divino, encontraremos más y más paz. Podemos ceder a la autoridad del Amor divino y orar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” (cita B16, Salmo 139:23, 24)

 

En verdad, no podemos desviarnos más allá de la autoridad del Amor divino. A medida que dejamos ir un falso sentido de separación o excepción del absoluto consuelo del Amor divino, encontramos nuestro ser verdadero como hijos de Dios, el reflejo del Amor, la inspiración del Espíritu. Como explica Mary Baker Eddy, “El hombre verdadero es espiritual e inmortal, pero los así llamados “hijos de los hombres”, mortales e imperfectos, son falsificaciones desde el comienzo, a ser desechadas a cambio de la realidad pura. En la proporción en que los mortales se dan cuenta de la Ciencia del hombre y buscan el modelo verdadero, se despojan de lo mortal y se revisten del hombre nuevo u hombre verdadero.” (cita C25, 409:20)

 

Mary Baker Eddy nos dice cómo lograr el camino correcto, el curso correcto. Ella escribe: “El único curso es tomar una actitud antagónica contra todo lo que se oponga a la salud, la santidad y la armonía del hombre, la imagen de Dios”. (cita C26: 392:9)

 

No estamos comenzando como personas con fallas y trabajando duro para convertirnos en perfectas. En cambio, siempre hemos sido la expresión pura de la Mente infinita y, – mediante la oración – estamos descubriendo esta verdad de nuestro ser. La oración nos permite dejar ir los conceptos erróneos sobre el hombre. Una vez más, la oración nos permite dejar ir los conceptos erróneos sobre el hombre. Como escribe Mary Baker Eddy, “La gran verdad en la Ciencia del ser de que el hombre verdadero era, es y siempre será perfecto, es incontrovertible; pues si el hombre es la imagen, el reflejo, de Dios, no está invertido ni subvertido, sino que es recto y semejante a Dios.” (cita C27, 200:16)

 

Dejar de lado los conceptos erróneos sobre el hombre nos permite resolver el “problema del ser” – las preguntas sobre qué somos y cuál es nuestra verdadera naturaleza. A medida que hacemos esto, descubrimos más y más acerca de nuestra falta de comienzo y nuestra coeternidad con la Mente infinita. Y este descubrimiento amplía la forma en que nos concebimos a nosotros mismos y a nuestra relación con el Amor divino, nuestra Mente progenitora.

 

Como explica Mary Baker Eddy, “Dios, el Principio divino del hombre, y el hombre a semejanza de Dios son inseparables, armoniosos y eternos. La Ciencia del ser proporciona la regla de la perfección y saca a la luz la inmortalidad. Dios y el hombre no son lo mismo, pero en el orden de la Ciencia divina, Dios y el hombre coexisten y son eternos. Dios es la Mente progenitora, y el hombre es el vástago espiritual de Dios”. (CS, pág. 336:25)

SECCIÓN 6: El hombre está satisfecho y en paz

Todos podemos sentir el consuelo del Padre divino, la Mente, que ofrece universalmente una efusión ilimitada de dones. A medida que sentimos la gracia y la paz provenientes de Dios, nuestro Padre, tal como lo demostró el Mostrador del Camino, Cristo Jesús, nosotros experimentamos el consuelo que vence todas las dificultades. (cit. B18, I Pedro 4:10) La efusión universal e ilimitada del Amor hacia nosotros está simbolizada por el concepto de divino Padre-Madre, pero no puede ser limitada a la personalidad. Dios no es persona, no es corpóreo ni está ligado a un lugar específico.

 

A medida que comprendemos la universalidad de la bondad y del amor de Dios, y sabemos que nosotros somos la efusión y expresión de este Amor, podemos compartirlo más y más con los demás y cumplir nuestro papel como efusión y expresión de Amor. En otras palabras, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. (cita B18, I Pedro 4:10)

 

El Amor Divino es suficiente para consolarnos e inspirarnos a todos y cada uno de nosotros, universal y completamente. Nadie está más allá de las bendiciones del Amor. Es natural y normal para el Amor divino llegar a cada corazón, tal como ese corazón lo necesite. El Amor Divino es como el padre perfecto, tiernamente alcanzando y enseñando a cada uno de nosotros cuando más lo necesitamos. Como escribe Mary Baker Eddy, “El milagro de la gracia no es un milagro para el Amor”. (cita C30, 494:16)

 

Todos podemos estar agradecidos de que “Todo lo que inspire con sabiduría, Verdad o Amor — sea una canción, un sermón o la Ciencia — bendice a la familia humana con migajas de consuelo de la mesa del Cristo, alimentando a los hambrientos y dando agua viva a los sedientos”. –y, debo agregar, toda la comida necesaria para que las gallinas de Chet estén satisfechas y en paz. (cita 31, 234:5)

American Camp Association

MAIN OFFICE
(November - May)
410 Sovereign Court #8
Ballwin, MO 63011
(636) 394-6162

CAMP OFFICE
(Memorial Day Weekend - October)
19772 Sugar Dr.
Lebanon, MO 65536
(417) 532-6699

Support our mission!

CedarS Camps

Back
to top