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“LA PAZ SEA CONTIGO, SÉ FUERTE, SÍ, SÉ FUERTE”.

Ideas de Aplicación Metafísica para la Lección Bíblica de The Christian Science Quarterly sobre

“El hombre”

para el 28 de febrero al 6 de marzo de 2022

por Christie C. Hanzlik, C.S.

Traducción libre por Rafael Ramírez autorizada por Warren Huff.

 

 

INTRODUCCIÓN- Texto áureo y Lectura alternada.

Las palabras divinas del libro de Daniel nos hablan hoy directamente: ” … Oh hombre muy amado, no temas: la paz sea contigo, sé fuerte, sí, sé fuerte”. *Según la versión King James]  (21 | Daniel 10:19 ; 20 | Jeremías 31:3) Este mensaje está en el Texto áureo (o idea principal) de la Lección de esta semana y también se repite en la sección final. Al leer esta promesa,  podríamos insertar nuestro propio nombre en lugar de “hombre” para sentir que las palabras divinas de consuelo nos hablan individualmente.  Y también podemos saber que estas palabras divinas son una promesa para toda la familia humana colectivamente en este momento.  Si oramos con ellas como una declaración universal y colectiva, la frase se lee como un consuelo de nuestro Padre divino: “Oh [hijos] muy amados, no temáis: la paz sea con vosotros, sed fuertes, sí, sed fuertes”.  En el contexto de la escritura, es útil considerar la palabra “hombre” individual y colectivamente.

Cada uno de nosotros puede descubrir por sí mismo la inspiración que necesita de la Lección Bíblica de esta semana sobre el tema: “Hombre”.   La Mente divina nos habla directamente a cada uno de nosotros de manera que podamos oír y comprender.  La comunicación de la Mente divina a nosotros -llamada Cristo- nos habla clara y reconfortantemente y podemos reconocer el consuelo de Cristo que nos habla como el “Calla, enmudece” a nuestras preocupaciones.  El vínculo del Cristo une a la Mente divina y al hombre (nosotros) sin excepción.  Es individual y colectivo.  El vínculo del Cristo es verdadero para cada uno de nosotros y para todos nosotros, ahora y siempre.

Tal como leo, la lección bíblica de esta semana sobre el tema: “Hombre” aclara nuestro vínculo del Cristo con la Mente divina.  El vínculo del Cristo es difícil de expresar con palabras.  El idioma inglés tiene alrededor de 171.000 palabras  (150,000 palabras en espanol), pero estas palabras siguen pareciendo insuficientes para describir la profundidad y el significado de nuestra unidad con lo divino.  Incluso si utilizamos todas las palabras de todos los idiomas del universo, estas palabras no podrían describir completamente el asombro que sentimos en un solo momento de conciencia de nuestra unidad con la Mente infinita.  Filósofos del lenguaje como Ludwig Wittgenstein afirman: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, lo que básicamente significa que si no tenemos palabras para algo, no podemos concebirlo.  Pero a través de la oración podemos superar las limitaciones del lenguaje.  La inspiración espiritual nos permite ir más allá de las palabras y de los límites para concebir la infinitud de la Mente divina y el vínculo del Cristo con la Mente divina.  Podemos estar alerta y afirmar que el lenguaje no puede limitar nuestra inspiración ni nuestra concepción de lo divino.  Además, nuestra inspiración espiritual nos permite ir más allá de pensar en el “hombre” como algo limitado a la especie masculina y podemos entender que el “hombre” como algo que abarca todas las ideas superiores de la Mente divina.  ” Hombre es el nombre de familia para todas las ideas, los hijos y las hijas de Dios.” (28 | 515:20)

El consuelo-Cristo -o la comunicación divina- nos habla más allá de los límites del lenguaje. La Lectura alternada incluye la comunicación divina que escuchó el profeta Isaías. Isaías escuchó este mensaje: “Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador… Te honro, y te amo”. (Isaías 43: 3, 4 NLT) Podemos tomar estas palabras, llevadas a través de los siglos como consuelo hoy en nuestra hora de necesidad.  Estas palabras se dirigen a cada uno de nosotros individualmente y a todos nosotros colectivamente.

Estas palabras de Isaías prometen consuelo mientras seguimos el camino de la paz.  Los que comprenden su naturaleza espiritual pueden sentir la paz “como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.” (Isaías 32:2-18)

Muchos de nosotros estamos orando en este momento sobre la agitación en Ucrania y Rusia.  La promesa que escuchó Isaías habla directamente de esta situación.  Nuestra oración nos permite sentir una verdadera sensación de “amparo contra la tempestad”, de protección contra la tormenta.  Podemos mirar más allá de la apariencia externa de la guerra, para ver la quietud de nuestro vínculo con el Cristo que nos cobija y nos da paz a todos y cada uno de nosotros en medio de la agitación.

Nuestros ojos verán esta paz y nuestros oídos escucharán esta paz.  Como leemos en Isaías, “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.” Cada uno de nosotros como individuos y todos nosotros colectivamente podemos aceptar la promesa divina que se encuentra en Isaías: ” mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.” (Isaías 32:18) Esta sencilla promesa es una fuerte oración por la paz.


SECCIÓN 1: FORMAR MODELOS PERFECTOS EN EL PENSAMIENTO

Tal como yo lo veo, la primera sección nos pide que estemos dispuestos a dejar de lado un modelo antiguo y limitado de lo que es el hombre y a aceptar un modelo nuevo e ilimitado.  Como leemos en Efesios, podemos dejar de repetir y ensayar las palabras mundanas sobre el hombre -que el hombre está lleno de problemas y conflictos y degeneración- y estar dispuestos a sintonizar con una imagen divina del hombre, que es pura y buena.  Podemos fijar nuestra mirada en ese hombre perfecto, individual y colectivamente, que es uno con la Mente divina.  Esta es la visión verdadera, pura y recta del hombre.  Esta visión purificada es el hombre de paz, que existe sin conflicto, opinión personal o división de cualquier tipo.  (3 | Efesios 4:22, y 5 | Salmos 37:37)

En Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, Mary Baker Eddy afirma sucintamente: “En la Ciencia divina, el hombre es la imagen verdadera de Dios.” Esto no significa que miremos a las personas que nos rodean y razonemos que esas personas nos muestran cómo es Dios.  No Mirar a las personas para determinar cómo es Dios sería hacer a Dios semejante al hombre.  En cambio, para entender una visión espiritual del hombre, nos centramos en conocer a Dios y entonces sabemos que “…el hombre es la verdadera imagen de Dios.”  (1 | 259:6 [solo]) Esta “nueva” visión requiere la oración, que significa apartarse de un modelo limitado del hombre, y estar dispuesto al “hombre nuevo”. (2 | 409:20)

Afortunadamente, en Ciencia y Salud, Mary Baker Eddy da instrucciones sobre cómo apartarse del modelo limitado del hombre para aceptar el modelo verdadero, que en Efesios se describe como el “nuevo hombre”.  Al leer estas palabras en Ciencia y Salud, podemos saber que estas afirmaciones corrigen cualquier modelo limitado que parezcamos haber aceptado en nuestra experiencia, incluyendo un modelo limitado de nosotros mismos, un modelo limitado de otras personas, un modelo limitado de la iglesia, un modelo limitado de nuestra comunidad global, y así sucesivamente.   Ella escribe: ¿Cuál es el modelo ante la mente mortal? ¿Es la imperfección, el gozo, el pesar, el pecado, el sufrimiento? ¿Has aceptado el modelo mortal? ¿Estás reproduciéndolo? Entonces eres acosado en tu trabajo por escultores depravados y formas horribles. ¿No oyes a toda la humanidad hablar del modelo imperfecto? El mundo lo está manteniendo ante tu vista continuamente. El resultado es que estás propenso a seguir esos patrones inferiores, limitar la obra de tu vida y adoptar en tu experiencia el diseño anguloso y la deformidad de los modelos de la materia…

“Para remediar esto, primero debemos dirigir nuestra mirada en la dirección correcta, y luego caminar por ese camino. Debemos formar modelos perfectos en el pensamiento y mirarlos continuamente, o nunca los esculpiremos en vidas grandes y nobles. Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor -el reino de los cielos- reinen en nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta desaparecer finalmente…”

“Para remediar esto, debemos primero volver nuestra mirada en la dirección correcta, y luego seguir ese camino. Debemos formar modelos perfectos en el pensamiento y mirarlos continuamente, o nunca los tallaremos en vidas grandes y nobles. Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos— reinen en nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta que finalmente desaparezcan.”

“Dejemos que aparezcan el “varón y hembra” de la creación de Dios. Sintamos la energía divina del Espíritu, que nos lleva a renovación de vida y no reconoce ningún poder mortal ni material como capaz de destruir. Regocijémonos de que estamos sometidos a las divinas “autoridades… que hay”. Tal es la Ciencia verdadera del ser.”  (3 | 248:15–33; 4 | 249:6–12)

Podemos estar abiertos a ver como el Amor divino ve, conocer cómo la Mente divina conoce mientras contemplamos el verdadero modelo de nosotros mismos, de la humanidad, de la iglesia y de toda la comunidad global.  Podemos aplicar la idea de formar un modelo más perfecto en el pensamiento a algo más que a uno mismo.  Podemos utilizarlo como una oración para toda la humanidad.  Por ejemplo, al “formar modelos perfectos en el pensamiento” del reino universal de la paz y la armonía global podemos “mirarlos continuamente” y así ” tallaremos en vidas grandes y nobles” comunidades globales.

El concepto de formar un modelo más perfecto en el pensamiento podría resumirse con la frase moderna: “visualizar la paz mundial”.  Y, sin embargo, llevamos esa frase —“visualizar la paz mundial”— un paso más allá cuando nos damos cuenta de que la oración eficaz consiste en ver a toda la humanidad como nos ve la Mente divina: perfectamente, y dejar de lado el sentido personal o la opinión personal de cualquier tipo. Al hacer esto, podemos reconocer activamente que “el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos—” ya reinan de manera suprema y universal, dentro y por todas partes.


SECCIÓN 2: “DEJEMOS QUE EL ALTRUISMO… REINE EN NOSOTROS…” (3 | 248:15–33)

La segunda sección incluye el relato de la amistad entre Jonatán y David, y cómo Jonatán ayudó a mantener a David a salvo del complot del rey Saúl para matarlo.  Jonatán iba a heredar el trono de su padre, el rey Saúl, por lo que tenía mucho que ganar si Saúl mataba a David.  Sin embargo, el desinterés, la integridad y la lealtad de Jonatán a un sentido superior de la bondad no le permitirían traicionar a su amigo.  (9 | 1 Samuel 16:7; 10 | 1 Samuel 19:1, 2, 4, 6, 7) Al final, Jonatán hizo un pacto con la casa de David y le prometió lealtad. (Samuel 20) Jonatán prometió su devoción a la paz, la amistad y la integridad en lugar de perseguir el poder temporal y la fortuna que podría haber encontrado en el trono.  Como hijo del rey, Jonatán tenía ostensiblemente más poder político que David, pero mostró misericordia y justicia a David, su cuñado, al alertarle del peligro del rey.  Generaciones más tarde, Cristo Jesús vino de la Casa de David, y por lo tanto, la protección leal de Jonatán a David también muestra el despliegue protegido de la idea de Cristo a través de los tiempos.  En pocas palabras, la integridad y la rectitud de Jonatán se erige como un modelo de lo que es ” Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos…”  (3 | 248:15–33)

La segunda sección incluye las palabras de Isaías que también estaban en la Lectura alternada: ” Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.” (8 | Isaías 32:2)  Para David, la seguridad que le proporcionaba la amistad y la lealtad de Jonatán podría haberse sentido como “como escondedero contra el viento” de las diatribas de Saúl.  El carácter de Jonatán es un modelo de “refugio contra el turbión” y “como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.”  Jonatán era un hombre de paz, una expresión de “la imagen verdadera de Dios.”  (1 | 259:6–7)

Nuestra relación con los demás es a través de nuestra comprensión compartida del bien, Dios.  Al reconocer a Dios, el bien, como la verdadera fuente de nuestra unidad, sentimos conexiones más pacíficas, genuinas y significativas entre nosotros.  Las conexiones verdaderas y espirituales son permanentes, ya que se basan en nuestra comprensión compartida del bien, y no en la proximidad física.  Nuestra comprensión compartida del bien es nuestro verdadero vínculo y es nuestra verdadera hermandad.  Jonatán y David tenían una comprensión compartida del bien que triunfó sobre el tumulto del complot asesino de Saúl.  Este tipo de hermandad trascendió los lazos de sangre para dar lugar a la paz y la prosperidad.  Mary Baker Eddy describe este tipo de hermandad: “Los ricos en espíritu ayudan a los pobres en una gran hermandad, teniendo todos el mismo 15 Principio, o Padre; y bendito es ese hombre que ve la necesidad de su hermano y la satisface, buscando su propio bien en el ajeno.”  (8 | 518:11–17)


SECCIÓN 3: “DEJEMOS QUE LA BONDAD… REINEN EN NOSOTROS…” (3 | 248:15–33)

Según entiendo, la sección 3 ofrece una pausa reflexiva en la Lección para reflexionar sobre la quietud y la seguridad que sentimos por la protección del Amor divino.   De Deuteronomio aprendemos: “El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará.” (11 | Deuteronomio 33:12) Merece la pena detenerse en oración para reflexionar sobre esta promesa profética y dejar que refresque nuestras esperanzas “como arroyos de aguas en tierra de sequedad.”. (8 | Isaías 32:2)

Frente a las imágenes de los medios gráficos que dicen lo contrario, mi oración me lleva a afirmar que el pueblo de Ucrania vive seguro en este momento, habita entre los fuertes hombros del Señor. Esto es mucho más que una optimista oración de paz.  Esto es mirar más allá de la apariencia externa para ver su seguridad en la “historia eterna”.  Como explica Mary Baker Eddy: ” Las relaciones de Dios y el hombre, el Principio divino y la idea, son indestructibles en la Ciencia; y la Ciencia no conoce ninguna interrupción de la armonía ni retorno a ella, sino que mantiene que el orden divino o la ley espiritual, en el cual Dios y todo lo que Él crea son perfectos y eternos, ha permanecido inalterado en su historia eterna.”  (10 | 470:33)

Justo frente a lo que aparece odio y conflicto, podemos ver a los hijos de la Mente divina como envueltos en seguridad y paz.  En este momento, todos llevamos “La armadura de la divinidad”. (epígrafe marginal de 11 | 571:18) Podemos afirmar para toda la humanidad, individual y colectivamente: “Revestido con la panoplia del Amor, el odio humano no puede alcanzarte. El cemento de una humanidad más elevada unirá todos los intereses en la divinidad única.”  (11 | 571:18)

“El cemento de una humanidad más elevada” es una interesante metáfora de la verdadera paz.  En una carta que Mary Baker Eddy escribió a la “Primera Iglesia de Cristo, Científico, Atlanta, Georgia”, afirma: “… Las oraciones silenciosas de nuestras iglesias, que resuenan a través de los tenues corredores del tiempo, avanzan en ondas de sonido, un diapasón de latidos de corazón, vibrando de un púlpito a otro y de un corazón a otro, hasta que la verdad y el amor, mezclados en una oración justa, rodeen y cimenten la raza humana. … El gobierno del Amor divino deriva su omnipotencia del amor que crea en el corazón del hombre; porque el amor es leal, y no hay lealtad aparte del amor”.

Las oraciones silenciosas de nuestras iglesias, resonando a través de los oscuros corredores del tiempo, avanzan en ondas sonoras, un diapasón de latidos del corazón, vibrando de un púlpito a otro y de un corazón a otro, hasta que la verdad y el amor, uniéndose en una oración sincera, abracen y cementen la raza humana. El gobierno del Amor divino obtiene su omnipotencia del amor que crea en el corazón del hombre; por que el amor es leal, y no existe lealtad separada del amor.

(La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, Mary Baker Eddy, pags. 187:20; 189:11-17)

Nótese que David nunca tomó represalias contra la agresividad de Saúl.  David tenía razones, oportunidades y medios para matar a Saúl, pero David mostró misericordia.  Desde una perspectiva limitada, la misericordia de David hacia Saúl podría parecer absurda.  Pero David confiaba en Dios más que en su propia opinión personal, y confiaba en que Dios había designado a Saúl, por lo que sería un pecado contra Dios dañar a Saúl.  Él confiaba en que la misericordia y la justicia eran dirigidas por Dios, no por humanos, y confiaba en la supremacía de Dios.

Cuando nos encontramos en situaciones parecidas a las de Saúl y sentimos que el mundo está en nuestra contra, podríamos sentirnos tentados a sentir que somos objeto de odio, animosidad, injusticia o malicia.  Podríamos sentirnos tentados a tomar represalias.  Pero estas insinuaciones de desamor no son personales… no tienen ningún origen.  Así como David estuvo a salvo de Saúl, nosotros también podemos librarnos de situaciones similares a las de Saúl si nos negamos a asociar estos atributos de falta de amor a una persona en particular, y nos negamos a aceptar las sugerencias de falta de armonía.  Como escribe Mary Baker Eddy, “Nada es real y eterno —nada es Espíritu— sino Dios y Su idea. El mal no tiene realidad. No es ni persona, lugar, ni cosa, sino que es simplemente una creencia, una ilusión del sentido material.”  (13 | 71:1)

A veces puede parecer que somos nuestro peor enemigo cuando nos enfrentamos a la tentación de la autocrítica, la autocondena o incluso el autodesprecio.  Pero estas sugerencias no provienen realmente de nuestro interior.  Todas ellas son opiniones falsas basadas en una visión limitada de nosotros mismos.  Cuando nos alejamos de las opiniones personales y nos vemos como nos ve el Amor divino, toda autocondena cesa.  La opinión personal también se conoce como “sentido personal”, que significa mirarnos a nosotros mismos y a los demás desde una perspectiva limitada y no desde la perspectiva ilimitada y omnipotente de la Mente divina.  A través de la oración, podemos eliminar el sentido personal.  Cuando nos llegan sugerencias autocríticas, podemos PARAR y afirmar: “Estos no son mis pensamientos.  Estos pensamientos no vienen de mí ni de la Mente divina”.  Las sugerencias autocondenatorias pueden hacernos sentir como si tuviéramos a nuestro Saúl personal persiguiéndonos.  Pero no es así.  Estamos a salvo del sentido personal (y del Saúl personal) cuando nos sometemos a la autoridad de la Mente divina. Como explica Mary Baker Eddy: ” En paciente obediencia a un Dios paciente, laboremos por disolver con el solvente universal del Amor el adamante del error —la voluntad propia, la justificación propia y el amor propio— que lucha contra la espiritualidad y es la ley del pecado y la muerte.” (14 | 242:16)

También podemos aplicar este concepto a escala mundial.  Puede resultar tentador dejar que el odio, el resentimiento o el deseo de venganza hacia un gobernante despótico o un enemigo nos carcoma.  Podemos sentirnos justificados para estar enfadados o impacientes, y sin embargo sabemos que ese no es el camino hacia la salud y la santidad.  La ira no es el camino hacia la paz.  Mary Baker Eddy escribe por experiencia cuando explica: “Los amigos traicionarán y los enemigos calumniarán, hasta que la lección sea suficiente para exaltarte; pues “la necesidad extrema del hombre es la oportunidad de Dios”. La autora ha experimentado la profecía antedicha y sus bendiciones. Así Él enseña a los mortales a abandonar su carnalidad y a ganar la espiritualidad. Esto se logra mediante la abnegación. El Amor universal es el camino divino en la Ciencia Cristiana.”  (15 | 266:12)


SECCIÓN 5 “DEJEMOS QUE… LA SANTIDAD… REINEN EN NOSOTROS…” (3 | 248:15–33)

La sección 5 comienza con el mensaje prometedor de 1 Juan, que aunque es posible que aún no entendamos completamente todo acerca de nosotros mismos, tenemos un modelo al que mirar, el Cristo, y mientras tengamos en pensamiento el modelo semejante a Cristo… “seremos semejantes a él”. (15 | 1 Juan 3:1–3)

Cristo es la comunicación de la Mente divina con nosotros, que nos hace conscientes de nuestra inseparabilidad.  Ser el hombre semejante a Cristo es ser el hombre que es constantemente consciente de nuestra unidad con la Mente divina, y está constantemente escuchando y conociendo los pensamientos de la Mente divina.  Aunque esto pueda parecer una imposibilidad, tenemos el modelo de Cristo Jesús como nuestro camino, para mostrarnos el camino de la salud y la santidad, para mostrarnos que esto es posible.  No encontramos la salud y la santidad siguiendo un modelo mundano de lo que deberíamos ser.  Encontramos la salud y la santidad al dejar que la voluntad de la Mente divina llene todos nuestros pensamientos.  En Romanos, leemos: ” No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (16 | Romanos 12:1, 2)

Mary Baker Eddy ofrece una visión sobre el alejamiento del modelo mundano de lo que deberíamos ser.  Ella escribe: ” En un mundo de pecado y sensualidad que se apresura hacia un mayor desarrollo de poder, es sabio considerar seriamente si es la mente humana o la Mente divina la que lo está influenciando a uno.”  (16 | 82:32–2)

Todos podemos mirar más allá de un modelo limitado de existencia.  Como afirma Mary Baker Eddy: ” Los mortales tienen que mirar más allá de las formas evanescentes,  finitas, si quieren obtener el sentido verdadero de las cosas. ¿Dónde ha de fijarse la mirada sino en el reino inescrutable de la Mente? Tenemos que mirar hacia donde queremos caminar, y debemos actuar como poseyendo todo poder derivado de Aquel en quien tenemos nuestro ser.” (17 | 264:7)

El proceso de aceptar y seguir un modelo de existencia más elevado puede parecer desalentador, como una enorme montaña imposible de escalar.  Pero el proceso comienza con la voluntad.  Como explica Mary Baker Eddy: ” La disposición de llegar a ser como un niño y dejar lo viejo por lo nuevo, torna el pensamiento receptivo a la idea avanzada. La alegría de abandonar las falsas señales del camino y el regocijo al verlas desaparecer, esta es la disposición que ayuda a acelerar la armonía final. La purificación del sentido y del yo es una prueba de progreso.”  (18 | 323:33–5)

No encontraremos la perfección si nos fijamos en las personas que nos rodean o en las que aparecen en las portadas de las revistas como modelo de lo que deberíamos ser.  En cambio, nuestra perfección proviene de la comprensión de nuestra inseparabilidad de la Mente divina, de que en realidad somos la idea de la Mente divina -¿cómo puede una idea estar separada de la Mente que la piensa?  A medida que vemos este modelo de perfección, y nos damos cuenta de que en realidad ya la tenemos, la perfección es nuestra experiencia.  Como explica Mary Baker Eddy: ” La gran verdad en la Ciencia del ser de que el hombre verdadero era, es, y siempre será perfecto, es incontrovertible;  pues si el hombre es la imagen, el reflejo, de Dios, no está invertido ni subvertido, sino que es recto y semejante a Dios.”  (19 | 200:16)


SECCIÓN 6: “DEJEMOS QUE… LA SALUD… REINEN EN NOSOTROS…” (3 | 248:15–33)

La sexta sección incluye el relato de la mujer con flujo de sangre que toca el borde del manto de Cristo Jesús.  Para mí, esta mujer que extiende su brazo para tocar el borde del manto de Cristo Jesús ejemplifica la “voluntad” de mirar un nuevo modelo de salud.  (19 | Lucas 8:40, 43–48) Ella estaba dispuesta a sacudirse la vieja visión de sí misma, y alcanzar un modelo más elevado -el modelo de ser de Cristo.

La misión de Cristo Jesús era revelar el modelo crístico de ser para nosotros, individual y colectivamente.  Como escribe Mary Baker Eddy: “Su misión fue revelar la Ciencia del ser celestial, comprobar lo que Dios es y lo que Él hace por el hombre.” (22 | 26:12)

A medida que nos acerquemos voluntariamente a este modelo crístico, también encontraremos la verdadera salud, tanto en el cuerpo como en el mundo.  Aunque haya muchos modelos mundanos de lo que es la salud, todos incluyen la muerte… un supuesto fin del ser.  El verdadero modelo de salud no incluye la muerte.  El verdadero modelo de salud es el ser armonioso.  El ser es eterno, sin principio ni fin.  Nuestro ser se define por nuestro vínculo crístico con la Mente eterna. Mientras la Mente divina nos conozca, existiremos y tendremos nuestro ser.  Puesto que la Mente divina lo conoce todo, y no tiene principio ni fin, no hay ningún momento en el que nuestro ser sea desconocido, y así nuestro ser siempre es, y siempre es armonioso.

Al sentir nuestro vínculo con Cristo y conocernos como la Mente divina nos conoce, esta comprensión se convierte en nuestra experiencia.  Si nos encontramos en una situación en la que no sentimos este vínculo con Cristo, podemos alcanzar metafóricamente el borde del vestido de Cristo, y llegar a este nuevo modelo de ser.  Como en el caso de la mujer con la hemorragia, nuestro primer paso es ir más allá de las “desvanecidas formas finitas” que describen cómo “la sangre se precipita locamente por las venas o se arrastra lánguidamente por sus helados conductos”.  (25 | 373:22–23, 27–1) Y en su lugar, alcanzar la visión de Cristo, y ” Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos— reinen en nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta que finalmente desaparezcan.”  (c 3 | 248:15–33)


SECCIÓN 7: ” DEJEMOS QUE…EL AMOR -EL REINO DEL CIELOS-…REINEN EN NOSOTROS…” (3 | 248:15–33)

La última sección se abre con otra promesa profética de la Mente divina: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” ( 20 | Jeremías 31:3) Tal y como yo lo entiendo, esta promesa nos dice que, al igual que nos acercamos al Amor divino, el Amor divino también nos atrae.  Es reconfortante saber que el Amor divino nos está abrazando activamente, prometiéndonos individual y colectivamente: “Muy amado [hijo], no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate.” (21 | Daniel 10:19)

Si nos quedamos quietos y escuchamos, podemos oír la promesa de la Mente divina: ” todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día”. (23 | 1 Tesalonicenses 5:5)

Las promesas proféticas de las Escrituras de Jeremías, Daniel, Pablo y otros nos hablan por encima del clamor de los acontecimientos mundiales.  Cada uno de estos profetas vivió en una época de despotismo, guerra y hambruna y, sin embargo, pudo ver la visión del Cristo -la visión verdadera- de la comodidad y la seguridad.  Vieron que el hombre – “los hijos de luz e hijos del día”- están eternamente fuera del alcance del odio y la animosidad, más allá del alcance de cualquier Saúl personal o sentido personal.

Como escribe Mary Baker Eddy: “El hombre es la idea del Espíritu; refleja la presencia beatífica, llenando de luz el universo. El hombre es imperecedero, espiritual. Está por encima de pecado o flaqueza. No atraviesa las barreras del tiempo hacia la vasta eternidad de la Vida, sino que coexiste con Dios y el universo.” (29 | 266:28)

En la comprensión inspirada de la Escritura, la palabra “hombre” no se define como masculino.  Nos incluye a todos, individual y colectivamente.  Las promesas que la Mente divina hace al “hombre” son promesas para nosotros como individuos y también para toda la familia universal.  Estas promesas pueden ayudarnos, en una época en la que la guerra amenaza con la violencia y la destrucción, a descubrir la paz y la seguridad, la verdadera santidad.

Podemos descubrir que el Reino de los Cielos reina dentro de nosotros, individual y colectivamente.  El Reino de los Cielos, como lo define Mary Baker Eddy, es ” El reino de la armonía en la Ciencia divina; el reino de la Mente infalible, eterna y omnipotente; la atmósfera del Espíritu, donde el Alma es suprema.” (Ciencia y Salud: pag. 590:1) Qué oración tan sencilla y profunda es saber que todos y cada uno de nosotros tenemos el Reino de los Cielos reinando en nuestro interior.

Cada uno de nosotros refleja para siempre el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad y el amor de la Mente divina, que no tiene género ni está limitada a un tiempo o espacio particular.  Como afirma Mary Baker Eddy: “El hombre y la mujer, coexistentes y eternos con Dios, reflejan para siempre, en cualidad glorificada, al infinito Padre-Madre Dios.” (30 | 516:19–21)

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